lunes, 16 de abril de 2018

B1: Para leer. Pasados.



John Corcoran CRECER en Nuevo México, Estados Unidos, en los años 40 y 50. TENER cinco hermanos, TERMINAR la secundaria, ASISTIR a la universidad y CONVERTIRSE en profesor de secundaria en los 60, un trabajo que MANTENER durante 17 años. Sin embargo, durante todo ese tiempo y más, ESCONDER un secreto extraordinario. PASAR décadas antes de que SENTIRSE capaz de revelarlo pero, cuando lo HACER, SENTIRSE liberado. Esta es su historia:
Cuando SER chico mis padres me DECIR que yo SER un ganador y, durante los primeros seis años de mi vida CREER lo que me DECIR. TARDAR un tiempo antes de poder hablar, pero IR a la escuela con muchas esperanzas de aprender a leer como mis hermanas. Al comienzo, las cosas IR bien porque no nos  EXIGIR mayor cosa que pararnos bien en fila, sentarnos, mantenernos callados e ir al baño cuando TOCAR. Luego LLEGAR el segundo grado cuando se SUPONER que DEBER aprender a leer. Para mí SER como abrir un diario en chino que, al mirarlo, no PODER entender lo que SER esas líneas. A los seis, siete, ocho años no SACER cómo articular el problema.  Recuerdo rezando en la noche: "Por favor, Señor, DEJARME aprender a leer mañana cuando DESPERTAR" y algunas veces ENCENDER la luz, TOMAR un libro y lo MIRAR para ver si el milagro SUCEDER. Pero nunca LLEGAR.
En la escuela TERMINAR sentado en la "fila de los tontos" con un grupo de niños que TENER problemas de lectura. No SABER cómo LLEGAR a parar allí. No SABER cómo salir de eso y definitivamente no SABER qué preguntas hacer. Mi maestra no la LLAMAR la "fila de los tontos", no SER cuestión de crueldad ni nada de eso, pero los niños la LLAMAR la fila de los tontos y, cuando ESTAR en la fila de los tontos EMPEZAR a sentirte tonto. En las conferencias de maestros le DECIR a mis padres: "SER un niño inteligente, ya APRENDER", y me PASAR al tercer grado. "Es un niño inteligente, ya aprenderá", y me pasaron al cuarto grado. "Es un niño inteligente, ya aprenderá", y me pasaron al quinto grado. Pero no ESTAR aprendiendo.
Para cuando ALCANZAR quinto grado, básicamente me DAR por vencido en cuanto a la lectura. Me DESPERTAR cada mañana, me VESTIR, IR a la escuela como si IR a la guerra. DETESTAR el aula. SER un ambiente hostil y TENER que encontrar cómo sobrevivir. Ya en el séptimo grado me la PASAR sentado en la oficina del rector la mayoría del día. Me METER en peleas. SER rebelde. SER un payaso. SER alborotado. Me EXPULSAR de la escuela. Pero ese comportamiento no REFLEJAR lo que SENTIR dentro de mí, no era lo que QUERER ser. Yo QUERER ser otra persona, TENER deseos de tener éxito, QUERER ser un buen estudiante pero simplemente no lo PODER hacer.
En el octavo grado me CANSAR de ser una vergüenza para mí y mi familia. DECIDIR que me IR a comportar —si sabes cómo comportarte en la escuela puedes manejar el sistema—. Así que SER el consentido de los maestros y HACER todo lo que SER necesario para navegar el sistema. QUERER ser un atleta y TENER las habilidades para serlo, también TENER habilidad matemática. PODER contar dinero y dar el cambio antes de ir a la escuela y APRENDER las tablas de multiplicación.
También SER socialmente hábil. Me la PASAR con jóvenes de universidad y SALIR con la estudiante más destacada, que TENER el honor de dar un discurso en la ceremonia de graduación. Me ELEGIR rey de la ceremonia del juego inaugural del colegio. PONER a gente, en su mayoría niñas, a que me HACER las tareas.
Podía escribir mi nombre y había algunas palabras que podía recordar, pero no podía componer una oración. Estaba en secundaria y mi lectura era la de alguien en segundo o tercer grado. Nunca le DECIR a nadie que no SABER leer.
Cuando tomaba un examen miraba la hoja de otro, o pasaba mi hoja para que alguien más CONTESTAR por mí. Era bastante fácil, trampa de aficionado. Cuando entré a la universidad con una beca completa de atletismo, fue otra la historia. Pensé: "¡Santo cielo!, esto IR más allá de mis capacidades, ¿cómo voy a sobrevivir esto?"
Pertenecía a un grupo social universitario que tenía copias de antiguos exámenes. Esa fue una manera de hacer trampa. Intenté tomar clases con un compañero, alguien que me PODER ayudar. Había profesores que daban el mismo examen año tras año. Pero también tuve que apelar a formas más creativas y desesperadas.
TRASPASAR la línea. Ya no era simplemente un estudiante tramposo, era un criminal". En un examen, el profesor escribió cuatro preguntas en la pizarra. Yo estaba sentado atrás en la clase, cerca de la ventana, detrás de unos estudiantes mayores. En mi cuaderno de exámenes escribí meticulosamente las cuatro preguntas en la pizarra. No sabía lo que decían.
Me había coordinado con un amigo para que ESTAR cerca de la ventana. Él era probablemente el chico más inteligente de la universidad, pero era tímido y me había pedido que le AYUDAR a juntarlo con una niña que se llamaba Mary, a quien él quería invitar a un baile formal de primavera. Le pasé mi cuaderno por la ventana y él contestó las preguntas por mí. Yo tenía otro cuaderno de exámenes dentro de mi camisa y lo SACAR para hacerme el que estaba escribiendo en él. ROGAR para que mi amigo PODER pasarme el cuaderno y que pudiera contestar correctamente las preguntas. Estaba tan desesperado. Necesitaba aprobar los cursos. Mi matrícula estaba en riesgo.
HABER otro examen y no podía imaginarme cómo lo IR a aprobar. IR hasta la oficina del profesor a la media noche, cuando no ESTAR. Abrí la ventana con un cuchillo y entré como un ladrón. Había traspasado la línea. Ya no era simplemente un estudiante tramposo, era un criminal.
Entré y BUSCAR mi examen. Tenía que estar en la oficina pero no lo podía encontrar. Había un archivador con llave, tenía que estar allí.
HACER lo mismo durante dos o tres noches seguidas buscando el examen pero no lo encontraba. Así que una madrugada TRAER a tres de mis amigos y entramos en la oficina. Sacamos el archivador de cuatro cajones, lo metimos en un auto y nos lo llevamos a uno de los apartamentos estudiantiles.
LLAMAR a un cerrajero. Me PONER un saco y corbata para hacerme pasar por un joven empresario que tenía que viajar a Los Ángeles al día siguiente y el cerrajero ESTAR salvando mi empleo al abrir el archivo.
Lo abrió y, en efecto, para mi gran alivio, había más de 40 copias del examen —una hoja de elección múltiple— en el primer cajón del archivador. Me llevé una copia a mi dormitorio, donde uno de mis compañeros "inteligentes" me HACER un papel de apuntes con las respuestas correctas. Devolvimos el archivador y, a las cinco de la mañana, me encontré caminando hacia mi habitación pensando: "Misión imposible, ¡cumplida!", y me sentí muy bien con lo listo que SER. Pero, entonces subí las escaleras, me acosté en mi cama y EMPEZAR a llorar como un bebé. ¿Por qué no pedí ayuda? Porque nunca pensé que HABER alguien que me PODER enseñar a leer. Era mi secreto y yo lo GUARDAR celosamente.
Mis profesores y padres me dijeron que las personas con títulos universitarios OBTENER mejores empleos, vivían mejor y eso es lo que yo CREER. Mi única motivación era tener ese cartón. Ya fuera por ósmosis, con oraciones o, tal vez, por un milagro algún día APRENDER a leer. Así que me GRADUAR de la universidad y, cuando lo LOGRAR, HABER escasez de profesores y me OFRECER un trabajo. SER la cosa más ilógica que te PODER imaginar. ACABAR de salir de la jaula de los leones para entrar de nuevo a burlarme de ellos.
¿Por qué entré al profesorado? En retrospectiva, fue una locura hacerlo. Pero había pasado por la secundaria y la universidad sin que me DESCUBRIR. El ser un profesor era una buena manera de esconderme. Nadie SOSPECHAR que un profesor no SABER leer. Enseñé diferentes cursos. Fue entrenador de deportes. Enseñé estudios sociales. Enseñé mecanografía. Podía escribir a máquina 65 palabras por minuto pero no sabía lo que estaba escribiendo. Nunca escribí en la pizarra y no había una sola palabra impresa en el salón. Veíamos un montón de películas y teníamos muchas discusiones.
Recuerdo lo temeroso que estaba. Ni siquiera podía pasar lista. Tenía que preguntarle a los estudiantes cómo pronunciaban sus apellidos para poder escucharlos. Y siempre escogía por adelantado dos o tres estudiantes, los que mejor leían y escribían, para ayudarme. Eran mis asistentes académicos. Nunca sospecharon nada, nunca sospechas de un profesor.
Uno de mis mayores temores era la reunión de profesores. Las teníamos una vez a la semana y si había una sesión de ideas, el rector le pedía a alguien que las ESCRIBIR en la pizarra. Yo vivía en constante temor de que me LLAMAR a hacerlo. Cada semana estaba aterrorizado, pero tenía un plan alternativo.
Si me LLEGAR a llamar, me PARAR de mi asiento, DAR dos pasos y me AGARRAR el pecho cayéndome al piso con la esperanza de que llamasen a los servicios de emergencia. Cualquier cosa para no ser descubierto, y nunca lo fui. De vez en cuando me sentía como un buen profesor, porque trabajaba duro y realmente me preocupaba por lo que estaba haciendo, pero en realidad estaba equivocado. No lo era. No MERECER estar en el salón. Estaba invadiendo el lugar. No debía estar allí y algunas veces lo que hacía me DAR náuseas, pero estaba atrapado. No podía contárselo a nadie. Los adultos que no pueden leer están suspendidos en su niñez; emocional, psicológica, académica y espiritualmente no hemos crecido aún".
Me CASAR mientras era profesor. El matrimonio es un sacramento, es un compromiso para ser sincero con la otra persona y fue la primera vez que pensé: "Bueno, voy a confiar en esta persona. Se lo voy a contar". Ensayé frente a un espejo: "Cathy, no sé leer. Cathy, no sé leer". Entonces, una noche, cuando estábamos sentados en el sofá, le dije. "Cathy, no sé leer". Pero ella no entendió lo que le estaba diciendo. Pensó que le estaba diciendo que yo no leía mucho. El amor es ciego y sordo, como se sabe. Así que nos casamos y tuvimos una hija que, años más tarde, fue la que puso la situación al descubierto. Cuando tenía tres años, estaba haciendo como si le ESTAR leyendo. Rutinariamente le leíamos, pero yo no lo hacía en realidad. Me inventaba las historias, historias que conocía como "Ricitos de oro" y "Los tres osos", y les AÑADIR dramatismo. Pero, esta vez era un cuento nuevo. Rumpelstiltskin, y mi hija me dijo: "No lo estás leyendo como mamá".
Mi esposa me escuchó tratando de leer el libro infantil y fue la primera vez que se DAR cuenta. Le había estado pidiendo que ESCRIBIR una cantidad de cosas por mí, que me AYUDAR escribiendo cosas para la universidad y, de pronto, PERCATARSE de lo profundo y severo que era el problema. Pero no me dijo nada, no HABER un enfrentamiento, simplemente continuó ayudándome para seguir adelante. No sirvió de alivio porque en mis adentros me sentía tonto y como un farsante. Yo era deshonesto. Estaba enseñándoles a mis estudiantes a buscar la verdad y yo era el más mentiroso en el salón. El alivio solo llegó cuando finalmente aprendí a leer. Enseñé secundaria desde 1961 hasta 1978. Ocho años después de renunciar a mi trabajo, finalmente algo OCURRIR. Estaba a punto de cumplir 48 años, cuando vi a Barbara Bush —la esposa del entonces vicepresidente de Estados Unidos— hablar en televisión sobre alfabetización para adultos. Nunca había escuchado de eso antes. Yo pensaba que era la única persona en el mundo con esta situación.Me encontraba en un momento desesperado en mi vida. Quería contarle a alguien, quería que me AYUDAR  y, un día, el supermercado, estaba en la fila cuando escuché a dos mujeres hablar de su hermano adulto que IR a la biblioteca. Estaba aprendiendo a leer y ellas estaban llenas de alegría y no lo podían creer. Así que, un viernes en la tarde, me fui de traje a la biblioteca y pedí hablar con la directora del programa de alfabetización y le dije que no SABER leer. Ella fue la segunda persona en toda mi vida adulta a quien se lo CONFESAR.
TENER una tutora voluntaria de 65 años. No era una maestra, era simplemente una persona que amaba la lectura y creía que nadie PODER pasar por la vida sin poder leer. Una de las cosas que me hizo hacer en las primeras etapas fue intentar escribir, porque yo tenía todos estos pensamientos en mi mente y nunca había escrito una sola frase. Lo primero que escribí fue un poema sobre sobre mis sentimientos. Una característica de la poesía es que no tienes que saber lo que es una frase completa y no tienes que escribir frases completas. Ella me llevó como hasta un nivel de lectura de sexto grado. Me sentí en el cielo. Pero me tomó como unos siete años sentirme como una persona letrada. Lloré, lloré y lloré cuando empecé a aprender a leer —sentí mucho dolor y frustración— pero llenó un gran vacío en mi alma.
Los adultos que no pueden leer están suspendidos en su niñez: emocional, psicológica, académica y espiritualmente no hemos crecido aún. Fui exhortado a contar mi historia por mi tutora para motivar a otros y promover la alfabetización, pero le dije: "de ninguna manera. He vivido en esta comunidad durante 17 años, mis hijos están aquí, mi esposa también —ella es una profesional— mis padres están aquí, no voy a contar esta historia". No obstante, finalmente decidí que lo HACER. Fue un secreto incómodo y vergonzoso, así que la decisión fue emocional. No fue fácil, pero una vez me PROPONER a contar la historia, lo HACER por todo Estados Unidos. Le hablaba a quien QUERER escucharme. Me guardé este secreto durante décadas para luego decirlo en voz alta al mundo.
 ESTAR en los programas de televisión de Larry King, de la cadena ABC. Me INVITAR Oprah (Winifrey). Fue incómodo para la gente escuchar a un profesor que no sabía leer. Algunos dijeron que era imposible y que me estaba inventando la historia. Pero quiero que sepan que yo sé que HABER esperanza, que HABER una solución. Que no somos "tontos", que podemos aprender a leer, nunca es demasiado tarde.
Desafortunadamente, todavía seguimos adelantando a niños y adolescentes de grado en grado sin enseñarles las bases necesarias de lectura y escritura. Pero es un ciclo de fracaso que podemos romper si, en lugar de culpar a los maestros, podemos asegurarnos de que ESTAR bien capacitados. Viví 48 años en la oscuridad. Finalmente PODER deshacerme de esta soga en mi cuello, finalmente PODER enterrar el espectro de mi pasado.
Artículo escrito por Sarah McDermott. Fotografías cortesía de John Corcoran.
http://www.bbc.com/mundo/noticias-43774820