C. Expresión de conformidad con lo poco que se tiene o se consigue.
D. Un suceso de mucha importancia o muy sonado.
E. Sufrir un desvanecimiento, un síncope u otro accidente.
F. Una cualidad especial difícil de definir.
Columna A. Expresiones
1. Ahí es nada 2. Como si nada 3. De eso nada (monada) 4. De nada 5. En nada 6. Nada (para oponerse o concluir) 7. Nada de eso 8. Nada más (solamente) 9. Nada más (inmediatamente después) 10. No es nada 11. No ser nada 12. Para nada
Columna B. Significados
A. Solamente. B. Fórmula de cortesía para responder a quien da las gracias. C. De manera impasible o dando muestras de no hacer caso de algo. D. Expresión coloquial para oponerse a lo que alguien acaba de decir o para introducir una conclusión. E. Inmediatamente a continuación de algo. F. Expresión que pondera, por antífrasis, la importancia o cantidad de algo. G. En muy poco tiempo o por muy poco. H. Expresión coloquial que enfatiza una negación. I. Quitar importancia al daño producido. J. De ningún modo, en absoluto.
Hace diez años, el detective privado Giorgio Bufalini llegaba a su despacho a las ocho de la mañana. Vivía cerca del molino Stucchi, en Venecia, hasta que el año pasado andaba con los bolsillos tan arrugados que tuvo que aceptar una indemnización de dos millones de liras para desalojar la casa que alquilaba desde hacía quince años.
"Ahora -dice, recostado en un sillón que tiene el mismo color gris de la ciudad- vivo en Spinea, tengo que tomar el vapor y nunca llego antes de las diez". Extraña profesión la de Bufalini para una ciudad como Venecia. Su oficina está en un lugar encantador, la Calle del Cafetier, junto al Ponte de la Viste, a cincuenta metros del lugar donde los fascistas mataron a Amerigo Pocini.
"Hago cualquier cosa. Acepto trabajos en todo el Veneto, porque si no sería imposible vivir. Divorcios hay pocos acá porque la gente es muy tradicionalista, enemiga de los escandaletes. Me contrataron muchas veces para seguir mujeres u hombres, pero no es fácil. Esto no es Nueva York. ¿Se animaría a seguir a una mujer en el vaporetto?".
No, su trabajo no parece cómodo. Seguir a alguien por las estrechas callejuelas, escudado detrás de un grupo de turistas puede ser un papelón. "Hace ocho años -recuerda Bufalini con nostalgia-, agarré a dos hombres de Turín que habían robado un collar muy caro en un negocio del Centro Histórico. Los arrinconé en el Casino. Se entregaron mansitos. Eran buenas épocas, señor".
Bufalini invita a tomar cerveza en la Sala Billardi, a cuatro pasos de su oficina. En la calle hay un olor ácido que debe llegar desde el puente. El sol del otoño es, aún, demasiado caliente para la calva del detective. Se pasa un pañuelo blanco y lo guarda en un bolsillo del saco. De allí saldrán luego los arrugados billetes para pagar la cerveza. Aparenta unos 54 años y dice que vive con una muchacha de 22, "¡Bella!", exclama, y guiña un ojo.
De pronto, vuelve a ponerse dramático: "Acá nos hundimos, todos, señor. La ciudad un centímetro por año, yo bastante más rápido. Mire qué paradoja: para restaurar a Venecia hacen falta 270 mil millones de liras. ¡Para levantarme a mí se necesitaría tanto menos!".
Pide otra cerveza y enciende un Muratti. "Me desalojaron de la casa. Un par de millones tientan, más si uno anda rengo del bolsillo. Hasta hace cuatro años acá la vida era tranquila, había que aguantar a los turistas, pero con ellos llegaban lindas mujeres. Ahora nos están echando a todos los venecianos. Las grandes corporaciones compran los edificios y empieza la especulación".
Parece deprimido, pero en un gesto de audacia traga su vaso de cerveza con los ojos grises cerrados. ¿Quién compra? "Las grandes empresas: Olivetti, Pirelli, las compañías aéreas. Se trata de echar a los nativos para convertir a Venecia en una isla con palacetes para ricachones. Acá hay 49.457 unidades inmobiliarias, pero sólo viven 10.200 patrones, lo demás está alquilado. Entonces, el primer paso es echar a los inquilinos y luego vender. Gran negocio, señor, pronto van a vender hasta el agua de los canales".
Domina datos, cifras, como si alguien le hubiera encargado el trabajo. El cronista se lo dice. El sonríe. "Leo los diarios -dice-, es lo único que hago en la mañana. Vea, hace diez años el metro cuadrado de terreno acá valía 150 mil liras, ahora ya se paga 250 mil y dicen que va a subir hasta 400 mil. El Centro Histórico, acá donde estamos sentados, tiene seis mil habitantes fijos. No va a quedar nadie”.
Paga y sale junto al enviado. Por la calle pasa una pareja de turistas y ella toma una foto del puente que incluye a Bufalini. Este sonríe: "Vaya uno a saber a dónde irá a parar ese retrato. Ya ve, acá uno no es dueño ni de su alma". Cuando entra en la oficina levanta la cortina y mira a través de los barrotes las azoteas rojas. "Todo empezó cuando la empresa Romana Beni Stabili hizo un complejo inmobiliario moderno de cien departamentos. Sólo vendió el treinta por ciento. La gente que compra quiere las casonas, viejas por fuera y puestas a todo lujo por dentro. Hasta Marcello Mastroiani compró un departamento moderno para pasar las vacaciones".
Va hacia una vieja heladera, saca una manzana y empieza a mordisquearla. "Yo soy comunista. Estoy convencido que en el negocio andan todos los partidos del gobierno, como siempre. La compañía Aeritalia compró el que era Hotel Splendid y va a montar una residencia de lujo. ¿Quiénes están detrás de eso?".
Por de pronto, Venecia amenaza cambiar de manos y convertirse simplemente en un complejo turístico. El gobierno obliga a restaurar, pero concede solo el cuarenta por ciento de los gastos. La mayoría de los propietarios -gente de trabajo que ha heredado sus viviendas-, no está en condiciones de cumplir las ordenanzas. Las grandes empresas, sí. Ellas compran, restauran, luego hacen su negocio.
Al mediodía, tres viejos músicos se guarecen bajo el toldo de un café en la Piazza San Marcos, y tocan. Los turistas no escuchan, pero toman cerveza, refrescos. Los sonidos del violín, el piano, el contrabajo, intentan piezas de moda, alegres, simples. No hay caso: el ritmo es triste, amargo y nadie aplaude. Los viejos miran a los turistas con una cierta indiferencia. Las palomas descienden sobre las mesas, picotean. Bufalini sonríe: "Napoleón dijo una vez que esta plaza era el más bello salón de Europa". De pronto cambia de expresión, mira a i musici y dice en voz baja: "Thomas Mann puso acá a su personaje porque sintió algo que nosotros sentimos siempre. Venecia es el único lugar del mundo donde se muere sin dolor. Ojalá nos dejen".
Eran bien españoles, muy hombres, ricos entre pobres, tan
convencidos de que Dios y la patria y el rey. Pero se terminaba el siglo XIX y
todo se les derrumbaba, y alguno de
ellos pensó que quizá la historia,
tan cruel últimamente, podía servirles para algo. Durante 400 años nadie o casi
nadie había recordado que un 12 de octubre un genovés se arrodilló en una playa
caribeña. Recordarlo podía servir para recordar que, al fin y al cabo, España
había sido tan conquistadora. Y que el resultado de esa conquista había sido
esta raza.
Dicen que raza, entonces, no quería decir lo mismo: para
nosotros la palabra raza está completamente ligada a unos rasgos genéticos, al
color de las pieles; entonces se refería a las costumbres, tradiciones,
religiones, valores de una sociedad. O sea: todo lo que un conservador querría conservar.
Pero los conservadores españoles estaban complicados. El
Reino de España acababa
de perder sus últimas conquistas de ultramar: Cuba, Puerto Rico, Filipinas.
En todas, Estados Unidos había ocupado de un modo u otro su lugar. España, muy
derrotada, intentaba defenderse un poco, y unos pocos, entonces, aparecieron
con aquello de “la raza”: que esos pueblos hispanoamericanos compartían con su
madre putativa aquellas cosas, y que con esa base podrían recuperar alguna influencia, evitar que los norteamericanos se
quedaran con todo.
Faustino Rodríguez-San Pedro era uno de estos señoros, un
abogado asturiano ya mayor que había sido ministro efímero en un par de
gobiernos y alcalde de Madrid durante un año. Él lanzó la campaña para que
España celebrara oficialmente el 12 de octubre y lo llamara “Día de la Raza”.
Lo consiguió en 1918, y en los años siguientes varios países ñamericanos se
fueron sumando; hacia 1940 era raro el que no lo tenía.
Pero en unas décadas el nombre empezó a quedar mal: la
palabra raza se había enfocado en su sentido actual de genes y colores y
discriminaciones. Algunos –incluida España– fueron cambiando el título de la
celebración; en los primeros años de este siglo hubo una catarata de nombres nuevos que incluían la resistencia
indígena, la diversidad cultural, la descolonización.
Y ahora se discute
todavía. Nadie la llama igual pero todos la llaman, así que estamos de
fiesta: hoy la raza no tiene que ir a trabajar. Entre todas estas cosas que
compartimos –el idioma antes que nada, el fútbol, la música mala, la fama de
violentos, el barniz de románticos,
la dizque simpatía– hay una que no
solemos celebrar: las fiestas. No la fiesta entendida como momento de
descontrol y regocijo, el puro
despilfarro, sino esas que son casi lo contrario –pomposas, solemnes, supuestas
productoras de sentido–: las fiestas nacionales.
Llamamos “fiestas nacionales” a esos ocho o diez días fijos
que cada país usa cada año para conmemorar algo que –te dicen– vale la pena de
ser conmemorado. Dime qué celebras y te diré quién eres: cada país tiene sus
fiestas, que deberían servir para decir qué es, qué quiere ser. Así que la
elección de cada una de ellas es una decisión importante. Para que quede claro,
para que nadie se confunda, en nuestros países las fiestas nacionales vienen de
dos orígenes: la religión y la historia, Dios y Patria.
En promedio, la mitad de nuestras fiestas nacionales llega
desde Roma: Navidad, Reyes, Semana Santa, alguna virgen, como para que
nadie dude de que –digan lo que digan los herejes
y las constituciones– nuestros países siguen
siendo radicalmente católicos. La otra mitad, en general, viene de la
historia: celebra el nacimiento o la muerte de algún padre fundador, quizás una
batalla. Entre ellas siempre hay una que domina a todas, la “Fiesta Nacional”
por excelencia: suele ser el aniversario de ese día en que esa colonia española
decidió que ya no quería serlo. El
16 de septiembre en México, 25 de mayo en Argentina, en Colombia el 20 de
julio, en Venezuela el 5, y así de seguido.
Son la forma más clásica de la fiesta propiciatoria: esa
mañana en que todo renace, en que la primavera despierta otra vez a la
naturaleza, esa memoria que nos pone en marcha. Son días de regocijo: así empezamos a ser los que
somos y qué suerte que somos los que somos y vamos que vamos a ganar.
El modelo se repite en todos los países salvo uno: este.
Cada nación celebra sus principios; España no. Hace más de un siglo que un
combo de reyes, regentes, dictadores y jefes del Ejecutivo viene
determinando que su “Fiesta Nacional” festeja un día con dos problemas
básicos. Uno es moral, así que no importa tanto: el 12 de octubre, con el
famoso “descubrimiento”, empezó uno de los grandes genocidios de la historia.
Los estudiosos no pueden ponerse de acuerdo porque no hay documentos, pero sus cálculos suponen que las
guerras, la explotación y las enfermedades que la Corona española llevó a
América mataron en un siglo entre el 80% y el 90% de la población: muchos
millones.
Decíamos: es moral, así que afecta menos. En cambio, el otro problema es más difícil de clasificar. Si yo
fuera argentino diría que es psicológico, pero hoy soy español, así que no lo
digo. Y sin embargo me sigue pareciendo depresión, culpa, tristeza. Allí donde
todos los demás conmemoran el momento inicial de ese recorrido que nos llevó
donde estamos, España recuerda el inicio de algo insostenible, pura agresión,
puro delito: ese día empezó a ocupar un continente. Lo hizo y tuvo, como
decíamos, todo tipo de consecuencias: le llevó muerte y religión, poderes y
desigualdad, y también una lengua magnífica y todo lo que se trae consigo.
Es cierto, pero
también es más que cierto que aquel proyecto fracasó: duró 300 años, hasta que los dominados decidieron dejar de
serlo y, mosquetes y espadas, lo acabaron. Cada 12 de octubre, cuando festeja
su “Día de la Hispanidad”, Hispania vuelve a poner en escena el principio de su mayor derrota. O, por lo menos,
algo totalmente contrario a los demás: no el inicio de esto que somos sino el
de eso que fueron y no son, memoria de la pérdida.
Es extraño, es español, es melancólico. Y es, sobre todo, la
evidencia de que España, esta España, no consigue pensar que empezó, que tuvo
un momento de rebeldía en que se deshizo de lo que la lastraba y se lanzó a ser ella. Supongo que el voto de la
Constitución habría servido si no lo hubiese presidido un rey franquista; se ve
que no, porque siguen recordando a aquel otro italiano arrodillado en una playa
muy lejana.
(Y una coda: los vecinos celebran su fiesta nacional el
14 de julio —1789— aunque, tras la toma de la Bastilla y el despiece de su
Borbón, tardaron casi un siglo en establecer una república sólida y tenaz.
Quizás, alguna vez, el 14 de abril será la nuestra.)
“Hay algo deprimente
en las bellezas de Hollywood. La mayoría siguen
siendo guapas, con estiramientos faciales y una determinación desesperada,
hasta que se marchitan. Gloria
Swanson no. Parte del atractivo
de esta dama reside en que ha evolucionado hacia la madurez”, alababa la escritora Helena Huntington
Smith en un perfil de Swanson publicado en 1930. La actriz estaba a punto de
cumplir 31 años, así que encaraba el
ocaso de su carrera, pero a
diferencia de las mujeres que habían luchado de forma evidente contra el paso
del tiempo, a ella no se le notaba.
Ella estaba envejeciendo bien, frente a otras que lo hacían mal.
Casi un siglo después la
narrativa se ha movido poco. Se ha
doblado la edad con la que se recibe el veredicto, pero el mensaje es similar. Ha cambiado cuándo se
envejece, pero no la presión sobre cómo
se hace. El cine lo ha retratado profusamente: de los clásicos de 1950 Eva
al desnudo o El crepúsculo de los dioses (con una Gloria Swanson de 50 años) a La
sustancia (2024), donde Demi Moore se enfrenta a terribles efectos
secundarios por inyectarse un sérum rejuvenecedor. Este escenario distópico no se aleja mucho de los hábitos de Bryan Johnson, gurú de la
longevidad, que ha llegado a transferirse el plasma de su hijo adolescente.
La obsesión por la longevidad ha permeado múltiples sectores. Las grandes consultoras llevan años señalando esta tendencia.
“La longevidad saludable es uno de
los grandes temas para este año”, sugerían desde la firma de investigación de
mercados Euromonitor a principios de 2026. El término hoy aparece ligado a prometedoresavances en medicina regenerativa, a dietas o rutinas de ejercicios,
a masajes, hoteles, suplementos, clínicas de cirugía estética… Los centros que
hace años proponían planes de adelgazamiento
han transformado su oferta con sofisticados y caros programas que prometen retrasar la vejez a base de protocolos más y menos contrastados. También se
entrega al término la industria cosmética, que relega lo de antiedad. La propia
Demi Moore es imagen de una línea de cremas bautizada como Longevity MD y de
una gama de productos para el pelo que se venden como “cuidado profesional para
la longevidad capilar”.
Como cualquier alteración en los códigos estéticos, el
movimiento indica una transformación
social. Carmen Lanchares, que fue directora de belleza de la revista Vogue
durante 22 años y acaba de publicar El
tiempo a nuestro favor. La ciencia de la longevidad, reflexiona: “Cuando empecé a escribir solo interesaban arrugas y
flacidez. El lema era cómo parecer joven, porquelos signos del envejecimiento eran
feos. Lo siguen siendo, pero ha
variado el discurso; hay un trasfondo y personas que piensan que envejecer no tiene que ser un estigma. Ya no se
habla tanto de las arrugas, porque importan también la salud y el bienestar”.
Además, importan a cada vez más
personas: según el World Economic Forum, los mayores de 60 años representan el
15% de los habitantes del planeta, pero son responsables del 27% del gasto, una
cifra que se duplicará para 2036. “Detrás hay marketing, sí”, prosigue
Lanchares, “pero no se puede
despreciar que hay ciencia. Las marcas cosméticas se están nutriendo de todos
los avances en medicina y biotecnología y las cremas no tienen nada que ver con
las de antes”.
“Este cambio de
lenguaje responde a una transformación del público”, explica Olga Moreno,
responsable del grupo de investigación Edadismo y Nuevos Lenguajes Inclusivos
de la Universidad de Sevilla. “Conceptos como proaging o slowaging presentan el
envejecimiento como un proceso más natural y aceptado. Sin embargo, desde una
perspectiva crítica del edadismo, cabe
preguntarse hasta qué punto este
nuevo discurso supone una verdadera
ruptura con los ideales tradicionales o una reformulación más amable de ellos”,
añade la investigadora, que en su último estudio
analiza cómo ha evolucionado la representación de las mayores. Se da una paradoja en las imágenes que
se consumen a diario: aunque aumenta la presencia de mujeres de más edad, estas
aparentan ser cada vez más jóvenes. “Esto conlleva
aspectos positivos y negativos”, advierte
Julia Twigg, profesora emérita en la Escuela de Ciencias Sociales de la
Universidad de Kent. “Es positivo porque amplía
el espacio de visibilidad de las mujeres, contrarrestando la tendencia a que
desaparezcan al llegar a la mediana edad.
Sin embargo, estas imágenes muestran
a mujeres excepcionales, tanto por su belleza natural como por las
intervenciones extremadamente costosas en términos económicos y físicos a las
que han podido someterse. Estas formas de apariencia mejorada denotan cada vez
más un determinado estatus de clase”, agrega. Mujeres congeladas en el tiempo
que contrastan con las de canas y arrugas que hace una década protagonizaron
diversas campañas, coincidiendo con el auge de la tercera ola feminista: Joan
Didion, Iris Apfel, Joni Mitchell… Quizá sea parte de la
reacción que describía Susan Faludi: “En épocas de reacción, el estándar de
belleza coincide con la campaña contra las mujeres que se desvían de la norma y
se alía con la moral tradicional; un exterior impoluto, de porcelana, se
convierte en la manifestación de la fuerza interior, la obediencia, la reserva
de una mujer”.
No hay que rascar
mucho para advertir las estructuras machistas que operan detrás del
envejecimiento. Lo resumía con sencillez Susan Sontag en los setenta: “El atractivo físico cuenta mucho más en la
vida de una mujer que en la de un hombre, y la belleza, que se identifica en
las mujeres con la juventud, no resiste bien la edad”. La novedad es que los
hombres también se contagian de esa
ansiedad, solo que con una mirada y unos objetivos distintos. Cada vez más
preocupados por la apariencia, su enfoque
está orientado a la energía, de ahí
el creciente furor por los gimnasios. Sobre esta visión se erige la que quizá sea la filosofía más mediática en
torno al envejecimiento, la que defienden en Silicon Valley magnates y biohackers,
el transhumanismo, la idea de que la vejez no es inevitable sino algo que
corregir con tecnología puntera y ejercicios castrenses de cuidado que rozan lo
eugenésico. “El envejecimiento es un problema solucionable”, sentenció Elon
Musk en el Foro de Davos y algo parecido creen también Vladímir Putin y Xi
Jinping, según se los escuchó en una conversación informal en 2025. La
búsqueda de este santo grial con reminiscencias ciberpunk es capaz de
levantar multimillonarias rondas de financiación. Desde Peter Thiel, que ya
apostó por ella en 2006, hasta Jeff Bezos como mecenas de Altos Labs, o Sam
Altman, inversor de Retro Biosciences.
¿Detrás de estas ideas? La concepción de que envejecer es
algo individual que depende de tomar buenas o malas decisiones. “La vejez ha
ocupado un lugar secundario en la agenda pública y privada, a pesar de ser una
de las grandes transformaciones sociales de nuestro tiempo”, apunta Vânia
de la Fuente, médica, antropóloga y responsable de la campaña mundial contra el
edadismo de la OMS en 2021. “Valoro la creciente atención que recibe la
longevidad, pero me preocupa que de la conversación se esté apropiando una
mirada elitista y desproporcionadamente masculina”, asegura. “Veo dos riesgos: que dejemos de preguntarnos cómo garantizar una buena vejez para la población para centrarnos en
cómo optimizar la longevidad de unos pocos y que una agenda que afecta
especialmente a las mujeres quede definida por hombres con poder. No me importa
cuántos años podemos añadir a la vida, sino en qué condiciones vamos a
vivirlos. Salud, vínculos, propósito, seguridad económica o buenos cuidados
deberían ocupar un lugar tan central como cualquier avance biomédico”.
La papa gigante (1) ______ a las 9:35 a. m. por encima de la montaña Cheyenne.
(2) ______ el año 2022. (3) ______ a mediados de febrero, con unos 10 °C. El cielo (4) ______ azul. La papa voladora, o lo que (5) ______ ser una, (6) ______ por un oficial de inteligencia del ejército y cuatro miembros de su unidad de Fort Carson, en Colorado, según documentos que (7) ______ parte de una nueva tanda de archivos sobre ovnis publicados por el gobierno del presidente Donald Trump el viernes.
“Los testigos (8) ______ el objeto como de un tamaño aproximado al de un avión grande y con forma de papa angular y asimétrica compuesta por paneles irregulares”, según los documentos. Fuera lo que fuera, “(9) ______ completamente inmóvil a unos 90-150 metros por encima” de las montañas, pero “(10) ______ cambiar de forma lentamente” y “(11) ______ un aspecto blanco ligeramente translúcido y brillante, con bordes definidos y un brillo lechoso que (12) ______ la luz del sol”.
Luego, (13) ______.
Un par de años más tarde, durante una entrevista en la oficina local del FBI en Nueva York, uno de los testigos (14) ______ lo visto a un agente especial y a un dibujante forense, quien (15) ______ un boceto de lo que (16) ______ una papa flotando sobre las montañas.
Un informe del FBI sobre la entrevista (17) ______ algunos detalles nuevos. Esta vez (18) ______ que el avistamiento (19) ______ lugar “aproximadamente a las 11:25 a. m.”. (20) ______ que el objeto (21) ______ “formado por lo que mejor (22) ______ describir como escamas de pez articuladas o paneles que (23) ______ asimétricos, no se (24) ______ y (25) ______ formas irregulares”. Y (26) ______ “perfectamente inmóvil”, aunque los paneles (27) ______ moverse “en ondas lentas que (28) ______ de diferentes puntos de origen, pero al mismo tiempo”.
El gobierno de Trump (29) ______ a publicar archivos sobre ovnis en tandas el mes pasado, cuando el presidente Trump (30) ______ que sus predecesores “no (31) ______ transparentes en este tema”, y (32) ______ que “la gente (33) ______ decidir por sí misma: “¿QUÉ DEMONIOS (34) ______ PASANDO?””. Pero ninguno de los documentos publicados hasta ahora (35) ______ cambiado el debate sobre si (36) ______ extraterrestres entre nosotros.
Por su parte, el expresidente Barack Obama le (37) ______ a un YouTuber a principios de este año que los extraterrestres (38) ______ “reales, pero no los (39) ______ visto y no los (40) ______ en el Área 51”, aunque luego (41) ______ las especulaciones al (42) ______ “no (43) ______ ninguna prueba durante mi presidencia de que extraterrestres (44) ______ contactado con nosotros. ¡De verdad!”.
El fenómeno de las papas espaciales no (45) ______ del todo nuevo. (46) ______ un papel fundamental para mantener con vida al astronauta ficticio Mark Watney en Marte, lo que (47) ______ a quien (48) ______ un astronauta real, Don Pettit, a cultivar auténticas papas flotantes en la Estación Espacial Internacional. (A una de ellas la (49) ______ como Spudnik-1, un juego de palabras con spud, jerga para referirse a una papa).
Tampoco (50) ______ el primer avistamiento de objeto volador no identificado relacionado con papas del que se (51) ______ constancia.
En 1950, alguien que (52) ______ frente a una gasolinera en la pequeña ciudad de Piggott, Arkansas, (53) ______ de lo que (54) ______ ser un “costal de papas de 45 kilos” que (55) ______ con el viento a una altura de unos 2400 metros, según registros desclasificados del Departamento de Defensa. (Un investigador que (56) ______ el informe en aquel momento (57) ______ que (58) ______ haber sido algún tipo de globo).
La última tanda de documentos también (59) ______ un informe del Departamento de Defensa en el que (60) ______ que “durante un periodo de dos días en octubre de 2023, seis agentes especiales de las fuerzas del orden federales (61) ______ de que (62) ______ observado “orbes lanzando otros orbes” cerca de una instalación sensible para la seguridad nacional en el oeste de Estados Unidos”. Una evaluación de la Oficina de Resolución de Anomalías en Todos los Dominios del Pentágono no (63) ______ concluyente. (64) ______ que “las características descritas en el relato de los agentes (65) ______ con las de ciertas tecnologías militares estadounidenses”, pero que ningún sistema por sí solo “(66) ______ por completo todas las características del fenómeno descritas”.
También (67) ______ teorías relacionadas con la “papa gigante”.
El gobierno (68) ______ a entender que (69) ______ haber sido una ilusión óptica. Cuando (70) ______, (71) ______ que las montañas (72) ______ entre 15 y 30 centímetros de nieve. Un análisis del gobierno incluido en los documentos facilitados (73) ______ que “la posición del sol con respecto a Cheyenne Mountain (74) ______ la retrodispersión de la luz solar reflejada en el suelo cubierto de nieve” y que “el reflejo (75) ______ iluminar las nubes bajas de los alrededores”. Pero (76) ______ sugiriendo que (77) ______ “poca confianza” en esa teoría.
Benché ci sia ancora chi neghi l’evidenza, nel corso della conferenza c’è stato un momento in cui tutti hanno compreso che non ci sarebbe stata alcuna possibilità di compromesso.
Se davvero ci fossero prove sufficienti contro di lui, il tribunale non avrebbe chiesto ulteriori perizie né avrebbe ammesso che fino ad allora non ci erano state indagini adeguate.
È indispensabile che entro domani ci siano soluzioni concrete, poiché finora non ci sono state che promesse vaghe e dichiarazioni contraddittorie.
Quando arrivammo al rifugio, scoprimmo con sorpresa che non c’era stato alcun temporale, nonostante i meteorologi avessero previsto che ci sarebbe stato un nubifragio devastante.
Qualora in futuro ci fosse bisogno del mio intervento, desidererei che mi avvertiste immediatamente, anche se in passato non ci foste stati abituati.
Dubitavo che ci sarebbero stati abbastanza partecipanti al seminario, ma alla fine ce ne furono persino più del previsto.
Mi domando se, senza il suo contributo, ci sarebbe oggi una così ampia consapevolezza dei problemi che fino a pochi anni fa nemmeno c’erano nel dibattito pubblico.
Pur non essendoci alcuna certezza riguardo ai risultati dell’esperimento, gli scienziati continuarono a lavorare come se non ci fosse stato alcun rischio di fallimento.
Non appena ci sarà un chiarimento ufficiale, sarà possibile stabilire se durante le trattative ci siano stati comportamenti scorretti.
Se ieri ci foste stati anche voi alla riunione, avreste capito perché non ci sia più fiducia nei confronti della dirigenza.
Temo che, quando il progetto verrà concluso, non ci saranno più le risorse necessarie affinché iniziative simili possano ripetersi.
Sebbene in quel villaggio remoto non ci siano mai stati servizi adeguati, gli abitanti continuano a sostenere che non ci sarebbe luogo migliore in cui vivere.
Pare che durante la crisi finanziaria ci siano state pressioni politiche tali da impedire che ci fosse una reale trasparenza nei bilanci.
Nel caso in cui domani non ci fosse nessuno ad accoglierci, aspetteremo finché non ci sarà qualcuno disposto a fornirci spiegazioni.
Sarebbe opportuno che gli studenti riflettessero sul fatto che, senza il progresso tecnologico degli ultimi decenni, non ci sarebbero stati gli strumenti grazie ai quali oggi ci sono opportunità impensabili in passato.
2. Propón expresiones sinónimas para las negritas:
A la vuelta de Navidad me fui a comer con un amigo. Me habló
mucho y muy bien de una nueva persona que hay en su vida, una chica que conoció
hacía meses y con la que se estaba escribiendo un montón. “Pero no nos
acostamos, eso no. Yo respeto a mi novia”.
Dejé en la mesa los cubiertos porque hay pocos momentos
impresionantes en la vida, y sospeché que ese iba a ser uno de ellos. ¿Cuánto
era “un montón”? “Todos los días”, dijo con los ojos brillantes, “y siempre un
mensaje de buenos días y otro de buenas noches. No pasan dos horas sin que nos
digamos algo o nos llamemos. Pero no vamos más allá, no estamos engañando a
nadie, es solo que no sabemos a dónde va esto”.
“No vamos más allá”, dijo. A dónde te queda ir ya, alma de
cántaro.
Mi amigo X, y mi amiga Y, y supongo que varios más porque
esto es una plaga, tienen tanta confianza en su educación católica que creen
que hay más infidelidad en follar que en escribir. Y probablemente piensen
todos que su pareja les está agradecida cuando lo más natural, llegado el caso,
es que tu novio o tu novia se acuesten con quien les dé la gana y borren su
número cuanto antes, porque un polvo dura mucho menos y es más discreto que
coger el teléfono en una cena o en unas vacaciones y ponerse a echar de menos a
otro.
Yo le dije a mi amigo lo que pensaba: que por supuesto está
bien escribirse con todo el mundo y escribirse más con personas que aprecias o
te gustan, que también es natural el tonteo, que a veces uno puede —por
inercia, por inconsciencia, por placer o por frivolidad— llevarlo más lejos,
pero llamarse y escribirse todos los días y contarse todo con otra persona era
una relación sentimental, hubiese sexo o no. Y que él era libre de tener esa
relación y cien más, Dios me libre de juzgarlo, pero en la vida tan importante es
inventarse una moto como no vendérsela a los demás.
Yo detecto en mi generación un ansia terrible de no sentirse
mal cuando se hace el mal, o peor aún: creer que está mal cualquier cosa.
También detecto que el sexo continúa siendo prestigioso y teniendo el aura de
punto culminante del amor, engaño máximo y traición mayor en caso de la pareja
infiel. Me parece respetable, pero, como en la salud, la homeopatía agrava lo
que se quiere combatir. Que ese tipo de relaciones de 200 mensajes al día,
intercambios de fotos y enganches adictivos a otra persona sin tocarla se
mantengan para “no poner los cuernos” es la broma definitiva: hay más cuernos
en un “buenas noches” desde la cama mientras ves una serie con tu pareja que en
un polvo rápido, o dos, con una persona desconocida en un ascensor.
Es urgente desprestigiar y banalizar, en según qué
ocasiones, el sexo. El problema que tiene mi generación es que cree que para
saber dónde va el mundo tiene que mirar a sus padres en lugar de a sus hijos, y
no solo. Tenemos 40 años y vivimos entre el fuego cruzado de una generación que
está dejando de saber todo sobre un mundo que ya no comprende y otra que
empieza a saberlo sobre un mundo que aún no comprende. Umberto Eco, que de
seguir vivo sería millennial, hizo que un personaje suyo se enamorase
en una orgía de una mujer con la que estaba practicando sexo y luego, solo
luego, la invitó a un café: eso es haberlo entendido todo. A menudo enamora más
una conversación que un orgasmo, aunque disfrutemos más del segundo, por eso deberíamos
abusar más de él y tratar con más cuidado lo otro.
Desde hace un año y medio, cuando doy mi número de teléfono,
añado la coletilla “no tengo WhatsApp”.
La primera razón es un tanto escandalosa: no tengo WhatsApp. La segunda razón,
más importante, es intentar evitar un conflicto. En más de una ocasión alguien
me ha hecho llegar su mosqueo “porque me has dado el número mal” e incluso uno
pensó que lo había bloqueado preventivamente; según él, nada más darnos
nuestros números, poco menos que yo me había dado la vuelta para grabar su
número y bloquearlo. No fue así, pero la idea me pareció excitante.
Desde hace un año y medio, también, tengo que dar tantas
explicaciones por no tener WhatsApp que hubiera ahorrado más tiempo comprando
otra línea y dándome de alta dos veces en la aplicación. El final de estas
explicaciones supongo que es este artículo, que lleva pidiéndome el periódico
desde mi primer mes sin WhatsApp. No me pareció para tanto entonces —”ni que
fuese el único español sin WhatsApp”—, pero pasado el tiempo he dicho que sí al
periódico: si no soy el único español sin WhatsApp, desde luego formo parte de
una especie en extinción. De hecho, a los que no tenemos WhatsApp se nos hace
conocedores rápidamente de la gente que no tiene, un poco como la conversación
aquella de Aquí
no hay quien viva: “¿Tu hijo es homosexual? Pues entonces tiene que conocer
a mi sobrino; es un chico alto, que estudia en Albacete…”.
Yo tenía varios problemas relacionados con WhatsApp; el más
inquietante era que escribía allí más que en el periódico. Eso no siempre era
malo: a veces, enfrascado en una discusión eterna, observaba que mis respuestas
superaban las 600 palabras, e incluso alguna estaba bien argumentada; de hecho,
al estar discutiendo con un amigo, me daba licencias divertidas que funcionaban
muy bien en el chat. Un día borré una de esas respuestas y la envié al
periódico en forma de columna. Desde entonces, cada vez que tenía que escribir
una columna, insultaba a alguien al azar sobre el tema del que quería
escribirla, y de la discusión posterior extraía, como una piedra preciosa, las
600 palabras mágicas.
Con el tiempo me di cuenta de algo. Podía pasar una tarde
entera hablando con un amigo de lo que fuese, o bien soltando las
chorradas habituales o bien metidos en alguna conversación seria —si es que
quedan conversaciones serias después de los 40 años—. Descubrí que
escribiéndonos casi a diario no lo echaba de menos. Y, viviendo en el barrio de
al lado, llevaba seis meses sin verlo. Tenía de repente un contacto
estrechísimo con un montón de gente con la que hablaba prácticamente a diario,
mediante grupos o de forma individual; tanto contacto teníamos que no echaba de
menos quedar con ellos, a pesar de que vivíamos en la misma ciudad.
Había más cosas, claro. El disparatado número de wasaps que
me entraba al día, muchos de gente desconocida que tenía una propuesta
maravillosa que hacer; la necesidad de tantos amigos y conocidos que escriben
y, al escribir, exige respuesta, a veces inmediata; la sensación de que al
coger el teléfono para hacer una llamada, hacer una foto o entrar en internet
estaba cogiendo una mina que, de no controlar, explotaría en mis manos y me
robaría tres horas comentando un meme.
¿Es todo bueno ahora? No, creo que es peor. El tiempo que he
ganado no lo gasto precisamente leyendo a Tolstoi.
Pero le he cogido el gusto. Me encuentro a gente por la calle que me pregunta
por qué les he bloqueado, ya que no ven mi foto de perfil ni les entra su
mensaje. Salir al mismo momento de todos los grupos al desinstalarlo no me hizo
tampoco muy popular (“a este qué coño le pasa”). A mis compañeros del periódico
les supone un coñazo que no tenga WhatsApp, como es lógico. Me pierdo un montón
de cosas graciosas (polémicas tuiteras, cotilleos, retransmisiones televisivas
comentadas en directo), mis amigos se han dividido entre los que tienen Iphone
(por tanto, iMessage,
parecido a WhatsApp) y no. Con los que no tienen me envío sms (15 céntimos al
día); por ejemplo, mis padres no tienen Iphone y no me han vuelto a escribir en
la vida: es obvio que me tenían ganas. Y sigo generalmente sin responder a
números que no tengo en la agenda, pero los descuelgo un poco más que antes
porque hay gente, muchísima, que desconoce que sin WhatsApp se pueden enviar
mensajes.
Mirándolo otra vez por el lado bueno, no tengo la necesidad
inconsciente de contestar al momento los sms y no pasa nada si me contestan
dentro de una semana, porque si es una urgencia, o quiero hablar con alguien de
algún tema que me preocupa, o quedar con él para tomar algo, o consultar lo que
sea, hago una cosa bastante revolucionaria y que trato de poner de moda entre
mis contactos: llamar.
SER la hora de comer en la montaña de los monos del zoológico de la ciudad de Ichikawa. OÍRSE gruñidos y chillidos entre los 56 macacos residentes cuando un cuidador del zoológico HACER la ronda con un cubo de manzanas, boniatos y coles.
Momentos después, APARECER el residente más famoso de la montaña de los monos: Punch, el macaco de 9 meses que CONVERTIRSE en una sensación de internet después de SER abandonado por su madre al nacer y RECURRIR a un peluche de orangután para consolarse.
“¡MIRAR cómo IR!”, EXCLAMAR David Lena, español de 11 años, quien VISITAR el zoológico de los frondosos suburbios de Tokio con sus padres por tercera vez en una semana. “TENER muchísimas ganas de abrazarlo”.
Punch GIRAR y SALTAR en el aire. COLGARSE boca abajo mientras MORDISQUEAR una galleta. DESFILAR por el recinto del brazo de un cuidador del zoo.
La aventura de Punch COMENZAR en julio, cuando funcionarios del zoológico DECIR que su madre lo HABER abandonado debido a un parto difícil durante una ola de calor. SER reintroducido en la tropa en enero, pero sin la guía de su madre TENER dificultades para integrarse, y a menudo JUGAR solo.
En Japón, ahora CONOCÉRSELE cariñosamente como “Punch-kun”. (Kun SER un término cariñoso para referirse a chicos). INSPIRAR camisetas del “Equipo Punch”, pegatinas en las redes sociales y figuras de acción. IKEA HABER agotado el peluche de juguete del orangután que él HACER famoso. Cientos de personas HABER enviado cartas y dibujos al zoológico.
La fama no SER poca cosa para un macaco de dos kilos y medio. HABER venido acompañada de hordas de fans en busca de fotos, abundancia de chismes (“PUNCH TENER NOVIA❤️”, INFORMAR recientemente un YouTuber, con un entusiasmo similar al de TMZ) y escrutinio cómico (Saturday Night Live FINGIR entrevistar a la madre de Punch, y Jon Stewart SATIRIZARLO en The Daily Show).
Punch HABER manejado el protagonismo mejor que la mayoría de las estrellas jóvenes. Desde que SALTAR a los titulares, HABERSE integrado poco a poco en su tropa y HABER hecho amigos, tanto monos como humanos.
También ESTAR empezando a desprenderse de algunas de las muletas de su juventud, incluido el orangután de peluche. Ya no CORRETEAR por la montaña de los monos con el juguete, aunque SEGUIR acurrucándose a él por la noche. (El zoológico CONSERVAR dos peluches para poder limpiarlos a diario).
Sin embargo, miles de personas SEGUIR yendo cada día al zoológico de la ciudad de Ichikawa, BUSCAR ver en persona al mono y el meme. Punch IGNORARLOS en gran medida. ENTRETENERSE jugando con las cadenas que COLGAR de las rocas de su recinto; SENTARSE para las sesiones de acicalamiento de los mayores; o, muy de vez en cuando, ROBAR bocadillos a otros miembros de la tropa.
En tiempos tumultuosos, Punch HABER proporcionado a sus legiones de fans un alivio frente a las terribles noticias sobre la guerra, el cambio climático, el hambre o el aumento del precio de la gasolina, y HABERSE convertido en un símbolo mundial de resiliencia.
Riko Kusumoto, de 23 años, quien VENDER muebles para el hogar, TOMAR un autobús nocturno desde Kobe, a unos 550 kilómetros de distancia, hasta Ichikawa un día reciente, LLEVAR consigo el juguete que Punch HABER hecho famoso.
“Cuando MIRAR a Punch-kun, no TENER que pensar en cosas como el aumento de los precios o las guerras”, DECIR. “Lo único que PODER pensar SER: ‘¡AGUANTAR, Punch! PASAR un rato muy agradable y reconfortante’”.
Yuko Tanaka, de 66 años, VISITAR el zoológico con su hija, Manami, de 46 años. DECIR que INSPIRARLE la determinación de Punch ante el abandono y el acoso. “No RENDIRSE y VIVIR su vida al máximo, y eso SER lo que CONMOVERME”, DECIR.
La fama de Punch HABER transformado la suerte del zoológico de la ciudad de Ichikawa, que ENFRENTARSE a déficits presupuestarios y LUCHAR por atraer clientes. HABER recibido más de 200.000 dólares, unos 32 millones de yenes, en donaciones desde febrero, cuando DAR a conocer a Punch al mundo. El número de visitantes HABERSE triplicado aproximadamente desde HACER un año, ALCANZAR los 90.000 en marzo.
El zoológico no TENER ni idea de su potencial cuando COMPARTIR por primera vez su historia en las redes sociales el 5 de febrero.
“Actualmente, HABER un mono bebé en el recinto de los monos que SUJETAR un peluche”, ESCRIBIR los responsables del zoológico en X. “¡LLAMARSE Punch y SER un niño! Por favor, ¡CUIDAR con cariño el crecimiento de Punch!”.
Pronto, el zoológico VERSE inundado de mensajes de ánimo de todo el mundo. También HABER quejas, incluso de personas preocupadas por las condiciones del zoológico. La montaña de los monos SER una abarrotada formación rocosa artificial que CARECER de sombra.
A algunos aficionados MOLESTARLES los videos que MOSTRAR a los monos mayores ARRASTRAR y GOLPEAR a Punch. Grupos de defensa de los derechos de los animales, entre ellos PETA, PEDIR al zoológico TRASLADAR a Punch a un santuario.
El zoológico HABER defendido sus esfuerzos por reintegrar a Punch, y HABER emitido media decena de declaraciones sobre el comportamiento de los primates, la dinámica de poder en las tropas y el acoso.
“Hay quien PENSAR que Punch SER adorable; HABER quien SENTIR lástima por él”, DECIR Takashi Yasunaga, supervisor del zoológico. DECIR que el objetivo del zoológico SER apoyar a Punch y “darle la mejor vida posible”.
Shumpei Miyakoshi SER uno de los principales cuidadores de Punch. DARLE de beber leche, y Punch SOLER agarrarse a su brazo a la hora de la merienda. A medida que Punch HACERSE mayor, Miyakoshi DECIR que GUSTARLE verlo llevar una vida normal con su tropa.
“HABER cambiado mucho”, DECIR. “ESPERAR que algún día OLVIDARME”.
Non avrei mai immaginato quanto sarebbe stato arduo portare a compimento quel progetto che, col senno di poi, si rivelerà decisivo per la mia carriera.
Ripensando agli eventi trascorsi, mi stupisce ancora quanto abbiano inciso sulle scelte che intraprenderò nei prossimi anni.
Solo quando avrò terminato questo percorso comprenderò appieno quanto le difficoltà incontrate in passato mi abbiano temprato.
Non era chiaro allora quanto quella decisione avrebbe influenzato il futuro, e tuttavia oggi ne percepisco le conseguenze con lucidità.
Mi resi conto troppo tardi di quanto quell’incontro avrebbe trasformato le mie prospettive, orientando irrimediabilmente ciò che sarei diventato.
recetar ingresar en donar realizar redactar hacer prestar trasplantar seguir estar de producir ser organizar
guardia un medicamento sangre asistencia sanitaria una intervención quirúrgica en la UCI un efecto alérgico a un medicamento turnos una historia clínica órganos un tratamiento análisis clínicos
Completa las frases con el término que falta.
Me tomé unos cacahuetes salados y me (1) mucha sed. La pastilla me (2) un sueño tremendo.
Estoy (3) de frío.
Tengo un (4) en el estómago.
Tengo la garganta (5).
Me (6) de sueño.
Se me (7) los ojos.
Estoy (8) polvo.
Mi madre se (9) mucho al andar.
¡No (10) con mi alma!
¡No puedo más!
Siento una especie de (11) general, me duele todo.
Me da un dolor / pinchazo... A veces, de repente, me daba un dolor (12) en el cuello.
A eso de las 12 siempre me entra un hambre (13). De repente me entró un frío (14) en el cuerpo. Cada vez que discuto con mi tía me entra un dolor de cabeza (15) .
Estoy sudando como un pollo.
Ando cansado / agotado / hecho polvo. Desde que dejé el café ando hecho polvo.
Estoy exhausto / reventado.
Estoy que me muero / me arrastro.
Estoy para el arrastre.
¡No puedo dar un paso más!
Veo las estrellas. Cuando paso mucho tiempo de pie veo las estrellas, es horrible.
Le tensioni attorno a Irán continuano a rappresentare uno dei nodi più delicati della geopolitica contemporanea, soprattutto a causa del suo programma nucleare e della sua influenza regionale. I negoziati intermittenti per riattivare l’accordo nucleare del 2015, noto come Plan de Acción Integral Conjunto, si sono scontrati con una profonda sfiducia reciproca tra Teheran e le potenze occidentali, in particolare Estados Unidos. Allo stesso tempo, l’Iran mantiene una rete di alleanze con attori non statali in Medio Oriente, il che accresce la sua capacità di proiezione ma aumenta anche il rischio di escalation indirette con paesi come Israel o Arabia Saudita. Questo intreccio rende qualsiasi incidente locale un potenziale detonatore di una crisi regionale.
Ora, alcuni analisti sostengono che la percezione dell’Iran come una minaccia destabilizzante sia, in parte, il risultato di narrazioni geopolitiche interessate che omettono fattori difensivi e contestuali. Da questa prospettiva, lo sviluppo di capacità strategiche da parte di Teheran risponderebbe a decenni di isolamento, sanzioni economiche e pressione militare, più che a una intrinseca vocazione espansionistica. Inoltre, sottolineano che anche altri attori regionali contribuiscono all’instabilità, ma ricevono un minore scrutinio internazionale, il che suggerisce un doppio standard nel modo in cui vengono valutate le dinamiche di potere in Medio Oriente.
Traduce también esto:
La crescente presenza della China nell’Artico è diventata una questione geopolitica sempre più rilevante, nonostante non sia un paese rivierasco della regione. Attraverso la sua autodefinizione come “Stato vicino all’Artico”, Pechino ha intensificato la propria partecipazione a progetti infrastrutturali, alla ricerca scientifica e alle nuove rotte commerciali emergenti, come la cosiddetta Via della Seta Polare. Lo scioglimento progressivo dei ghiacci, legato al cambiamento climatico, sta aprendo nuove vie marittime e facilitando l’accesso alle risorse naturali, attirando l’interesse di molteplici attori, tra cui Rusia e Estados Unidos. Questo contesto ha suscitato preoccupazioni riguardo a una possibile competizione strategica in una regione tradizionalmente caratterizzata dalla cooperazione.
Ebbene, alcuni esperti sostengono che il coinvolgimento cinese nell’Artico non debba essere necessariamente interpretato come una minaccia, bensì come un’estensione logica dei suoi interessi economici globali. Da questa prospettiva, la partecipazione della Cina a iniziative scientifiche e commerciali potrebbe contribuire allo sviluppo sostenibile della regione e rafforzare i meccanismi di governance internazionale esistenti, come il Consejo Ártico. Inoltre, ritengono che esagerare il rischio geopolitico potrebbe ostacolare opportunità di cooperazione in ambiti chiave come la ricerca climatica e la gestione delle rotte marittime, dove il coordinamento internazionale è essenziale.
La historia de la Monobloc, la
humilde silla de plástico blanca que ha conquistado el mundo
Paula Rosas
Título del
autor,BBC News
29 marzo
2026
Quizás no
conozcas su nombre, pero puede que estés leyendo esto ahora mismo sentado en
uno de estos iconos.
Es posible,
también, que tengas algún recuerdo asociado a ella: esa barbacoa en el jardín
de los amigos, donde siempre cabe uno más porque las sillas están apiladas en
un rincón; o esa cerveza fría en el bar de la playa, con los pies enterrados en
la arena y los muslos sudando por el calor y el contacto con el plástico.
La Monobloc,
esa humilde silla de plástico blanca que sin duda conoces y en la que tantas
veces has descansado, es el mueble más utilizado del mundo, un objeto tan
popular que ha trascendido todas las fronteras.
Barata,
versátil, resistente a la intemperie y ligera, la silla Monobloc o monobloque -
que se fabrica en una sola pieza de plástico, generalmente polipropileno- es un
icono del diseño industrial que despierta por igual amor y odio.
Sus
detractores critican que su omnipresencia la convierte en un símbolo de
vulgaridad, de chabacanería, en una asesina de la estética, además de un
ejemplo de la cultura del usar y tirar, con sus graves consecuencias
medioambientales.
En su
versión más extrema, la silla de plástico fue prohibida durante diez años en
los espacios públicos de la ciudad suiza de Basilea para "hacerla más bella".
Sus
defensores destacan, sin embargo, su diseño democrático y todas las cualidades
claves de su éxito: se puede apilar, pesa poco, es realmente barata y tiene
-por lo general- una forma ergonómica que la hace muy cómoda.
Su lugar
privilegiado en la portada del galardonado disco "Debí tirar más
fotos", del artista puertorriqueño Bud Bunny, dice mucho de ese hilo
sentimental que ata a tantas personas a la Monobloc y a las memorias que nos
trae.
La silla,
que se fabrica inyectando una resina de plástico líquida en un molde a unos
220-230 grados hasta que se enfría y endurece, está en todas partes.
"La
Monobloc es la combinación del deseo tan arraigado entre los diseñadores de
crear la silla perfecta fabricada de forma industrial", describe Paola
Antonelli, comisaria del MoMA, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en un
video de la institución para acompañar la exposición de 2025 "Pirueta,
puntos de inflexión en el diseño".
Una historia
de innovación
Los
diseñadores empezaron a experimentar con la idea de fabricar una silla a partir
de una sola pieza de material ya en la década de 1920.
Las primeras
pruebas utilizaron chapa metálica, que se prensaba, o curvaban madera laminada.
El
desarrollo del plástico como material resistente y de enorme versatilidad llevó
en 1946 al arquitecto canadiense Douglas Colborne Simpson a crear, en
colaboración con el ingeniero James Donahue, un prototipo de silla apilable de
una sola pieza de plástico.
Esta silla
podría considerarse la primera Monobloc de la historia, pero no pasó del
prototipo.
En los años
siguientes, los avances en los conocidos como termoplásticos permitieron
industrializar este proceso.
Para ello se
utilizaron pellets o pequeñas bolitas de material plástico como el
polipropileno que, al calentarlas, se vuelven líquidas y pueden ser inyectadas
en un molde. La tecnología permitía, además, fabricar estos muebles en
llamativos colores.
Producto de
esta innovación son iconos del diseño industrial como la silla Panton, creada
por el diseñador danés Verner Panton entre los años 1958 y 1967; la silla
Bofinger (1964-1967), del arquitecto alemán Helmut Bätzner; la Selene
(1961-1968), del diseñador italiano Vico Magistretti o la Universale (1965),
del también italiano Joe Colombo.
Todas estas
piezas son hoy objetos de deseo de coleccionistas, amantes del diseño y el
interiorismo, sillas que pueden verse en museos y en hogares sofisticados.
¿Cómo se
pasó entonces de la Panton o la Bofinger a la humilde silla de plástico de la
sala de espera?
Fabricar
esas piezas, aunque ya se hacía de manera industrial, seguía siendo caro. No
fue hasta 1972 que el ingeniero francés Henry Massonet creó su Fauteuil 300
(sillón 300), que se considera, según el Vitra Design Museum, el arquetipo de
la silla de plástico barata.
Al mejorar
la eficiencia del proceso de fabricación, Massonet logró reducir la duración
del ciclo de fabricación a solo 2 minutos y la comercializó a través de su
compañía STAMP.
La Fauteuil
300 tenía brazos y se parecía mucho a las Monobloc de hoy, aunque no fue
demasiado popular en un primer momento. La mala suerte hizo coincidir su
aparición con la primera gran crisis del petróleo.
"Si
bien los muebles de plástico habían sido un presagio de futuro, ahora se veían
cada vez más negativamente, como resultado no solo del aumento del precio de la
materia prima, sino también de una nueva conciencia medioambiental",
explica su descripción en el Vitra Design Museum.
Massonet,
sin embargo, nunca patentó su invento, señala Paola Antonelli, que dirige el
departamento de Arquitectura y Diseño del MoMA, y esto permitió que otras
muchas empresas copiaran su proceso de fabricación y su modelo, que fue
modificándose una y otra vez.
En la década
de 1980, el grupo francés Grosfillex logró fabricar su silla de jardín de
resina a tan bajo costo que pudo lanzarla al mercado a precios muy
competitivos, multiplicando exponencialmente su popularidad y convirtiendo a la
Monobloc en el producto de masas que es hoy.
Una silla
para la vida
Haz un
repaso a tus álbumes de fotos, como hizo Bad Bunny. Seguro que en más de una
aparece esta icónica silla, ya sea en tu entorno doméstico como en las imágenes
de tus viajes más exóticos.
Igual la
encuentras en la medina de Rabat que en un mitin político en Marsella, en un
restaurante callejero de Pekín, revestidas de tela en un banquete de boda en
Buenos Aires o en la calle de un pueblo mediterráneo, donde las vecinas las
sacan por la tarde a la acera para charlar a la fresca y ver pasar las horas y
la vida.
Y no solo
las hay blancas. Se fabrican en muchos colores, con diseños diferentes, con
brazos y sin brazos, y en calidades distintas.
Más de una
pata se ha quebrado en los modelos más económicos al ser desafiada por un
usuario robusto o al que le gusta balancearse. Otras, sin embargo, duran
décadas: las de la casa de mis padres siguen, desde hace más de 40 años,
juntándonos a la mesa a toda la familia cada verano.
Se calcula
que cuesta unos US$ 3 fabricarla, y en muchos sitios se vende por apenas US$10,
lo que hace que esta silla sea ubicua.
Pero diez
dólares no valen lo mismo en Accra que en Berlín y, por esto, mientras en
algunas sociedades ricas es un objeto que en cuanto se estropea se tira, en
muchos otros sitios se repara y adapta a las necesidades de sus usuarios.
Sillas
blancas de plástico recosidas con alambre o entablilladas son moneda común en
los barrios más humildes y en zonas rurales de muchos países. Según Paola
Antonelli, la silla Monobloc encarna una paradoja:
"En
algunos países, se produce en masa y se deshecha rápidamente, mientras que en
otros se valora y repara, reflejando diferentes percepciones de su valor. Su
naturaleza multifacética simboliza la compleja cultura de consumo en el mundo
de hoy".
Para el
teórico social Ethan Zuckerman, algunos objetos "han alcanzado tal nivel
de perfección en su diseño que no necesitan adaptarse para tener éxito, tanto
en África como en los barrios residenciales de Estados Unidos"
En su ensayo
"Esas sillas blancas de plástico – El Monobloc y el objeto sin
contexto", Zuckerman, quien dirigió el Centro para los Medios Cívicos del
Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), lanza una advertencia para los
críticos de los objetos como esta popular silla.
"Despreciarlos
es un riesgo: los objetos independientes del contexto como la Monobloc han
alcanzado una fama mundial que pocos seres humanos podrían siquiera
soñar".
Para el teórico social Ethan Zuckerman, algunos objetos "han alcanzado tal nivel de perfección en su diseño que no necesitan adaptarse para tener éxito, tanto en África como en los barrios residenciales de Estados Unidos"
En su ensayo "Esas sillas blancas de plástico – El Monobloc y el objeto sin contexto", Zuckerman, quien dirigió el Centro para los Medios Cívicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), lanza una advertencia para los críticos de los objetos como esta popular silla.
"Despreciarlos es un riesgo: los objetos independientes del contexto como la Monobloc han alcanzado una fama mundial que pocos seres humanos podrían siquiera soñar".