Benché ci sia ancora chi neghi l’evidenza, nel corso della conferenza c’è stato un momento in cui tutti hanno compreso che non ci sarebbe stata alcuna possibilità di compromesso.
Se davvero ci fossero prove sufficienti contro di lui, il tribunale non avrebbe chiesto ulteriori perizie né avrebbe ammesso che fino ad allora non ci erano state indagini adeguate.
È indispensabile che entro domani ci siano soluzioni concrete, poiché finora non ci sono state che promesse vaghe e dichiarazioni contraddittorie.
Quando arrivammo al rifugio, scoprimmo con sorpresa che non c’era stato alcun temporale, nonostante i meteorologi avessero previsto che ci sarebbe stato un nubifragio devastante.
Qualora in futuro ci fosse bisogno del mio intervento, desidererei che mi avvertiste immediatamente, anche se in passato non ci foste stati abituati.
Dubitavo che ci sarebbero stati abbastanza partecipanti al seminario, ma alla fine ce ne furono persino più del previsto.
Mi domando se, senza il suo contributo, ci sarebbe oggi una così ampia consapevolezza dei problemi che fino a pochi anni fa nemmeno c’erano nel dibattito pubblico.
Pur non essendoci alcuna certezza riguardo ai risultati dell’esperimento, gli scienziati continuarono a lavorare come se non ci fosse stato alcun rischio di fallimento.
Non appena ci sarà un chiarimento ufficiale, sarà possibile stabilire se durante le trattative ci siano stati comportamenti scorretti.
Se ieri ci foste stati anche voi alla riunione, avreste capito perché non ci sia più fiducia nei confronti della dirigenza.
Temo che, quando il progetto verrà concluso, non ci saranno più le risorse necessarie affinché iniziative simili possano ripetersi.
Sebbene in quel villaggio remoto non ci siano mai stati servizi adeguati, gli abitanti continuano a sostenere che non ci sarebbe luogo migliore in cui vivere.
Pare che durante la crisi finanziaria ci siano state pressioni politiche tali da impedire che ci fosse una reale trasparenza nei bilanci.
Nel caso in cui domani non ci fosse nessuno ad accoglierci, aspetteremo finché non ci sarà qualcuno disposto a fornirci spiegazioni.
Sarebbe opportuno che gli studenti riflettessero sul fatto che, senza il progresso tecnologico degli ultimi decenni, non ci sarebbero stati gli strumenti grazie ai quali oggi ci sono opportunità impensabili in passato.
2. Propón expresiones sinónimas para las negritas:
A la vuelta de Navidad me fui a comer con un amigo. Me habló
mucho y muy bien de una nueva persona que hay en su vida, una chica que conoció
hacía meses y con la que se estaba escribiendo un montón. “Pero no nos
acostamos, eso no. Yo respeto a mi novia”.
Dejé en la mesa los cubiertos porque hay pocos momentos
impresionantes en la vida, y sospeché que ese iba a ser uno de ellos. ¿Cuánto
era “un montón”? “Todos los días”, dijo con los ojos brillantes, “y siempre un
mensaje de buenos días y otro de buenas noches. No pasan dos horas sin que nos
digamos algo o nos llamemos. Pero no vamos más allá, no estamos engañando a
nadie, es solo que no sabemos a dónde va esto”.
“No vamos más allá”, dijo. A dónde te queda ir ya, alma de
cántaro.
Mi amigo X, y mi amiga Y, y supongo que varios más porque
esto es una plaga, tienen tanta confianza en su educación católica que creen
que hay más infidelidad en follar que en escribir. Y probablemente piensen
todos que su pareja les está agradecida cuando lo más natural, llegado el caso,
es que tu novio o tu novia se acuesten con quien les dé la gana y borren su
número cuanto antes, porque un polvo dura mucho menos y es más discreto que
coger el teléfono en una cena o en unas vacaciones y ponerse a echar de menos a
otro.
Yo le dije a mi amigo lo que pensaba: que por supuesto está
bien escribirse con todo el mundo y escribirse más con personas que aprecias o
te gustan, que también es natural el tonteo, que a veces uno puede —por
inercia, por inconsciencia, por placer o por frivolidad— llevarlo más lejos,
pero llamarse y escribirse todos los días y contarse todo con otra persona era
una relación sentimental, hubiese sexo o no. Y que él era libre de tener esa
relación y cien más, Dios me libre de juzgarlo, pero en la vida tan importante es
inventarse una moto como no vendérsela a los demás.
Yo detecto en mi generación un ansia terrible de no sentirse
mal cuando se hace el mal, o peor aún: creer que está mal cualquier cosa.
También detecto que el sexo continúa siendo prestigioso y teniendo el aura de
punto culminante del amor, engaño máximo y traición mayor en caso de la pareja
infiel. Me parece respetable, pero, como en la salud, la homeopatía agrava lo
que se quiere combatir. Que ese tipo de relaciones de 200 mensajes al día,
intercambios de fotos y enganches adictivos a otra persona sin tocarla se
mantengan para “no poner los cuernos” es la broma definitiva: hay más cuernos
en un “buenas noches” desde la cama mientras ves una serie con tu pareja que en
un polvo rápido, o dos, con una persona desconocida en un ascensor.
Es urgente desprestigiar y banalizar, en según qué
ocasiones, el sexo. El problema que tiene mi generación es que cree que para
saber dónde va el mundo tiene que mirar a sus padres en lugar de a sus hijos, y
no solo. Tenemos 40 años y vivimos entre el fuego cruzado de una generación que
está dejando de saber todo sobre un mundo que ya no comprende y otra que
empieza a saberlo sobre un mundo que aún no comprende. Umberto Eco, que de
seguir vivo sería millennial, hizo que un personaje suyo se enamorase
en una orgía de una mujer con la que estaba practicando sexo y luego, solo
luego, la invitó a un café: eso es haberlo entendido todo. A menudo enamora más
una conversación que un orgasmo, aunque disfrutemos más del segundo, por eso deberíamos
abusar más de él y tratar con más cuidado lo otro.
Desde hace un año y medio, cuando doy mi número de teléfono,
añado la coletilla “no tengo WhatsApp”.
La primera razón es un tanto escandalosa: no tengo WhatsApp. La segunda razón,
más importante, es intentar evitar un conflicto. En más de una ocasión alguien
me ha hecho llegar su mosqueo “porque me has dado el número mal” e incluso uno
pensó que lo había bloqueado preventivamente; según él, nada más darnos
nuestros números, poco menos que yo me había dado la vuelta para grabar su
número y bloquearlo. No fue así, pero la idea me pareció excitante.
Desde hace un año y medio, también, tengo que dar tantas
explicaciones por no tener WhatsApp que hubiera ahorrado más tiempo comprando
otra línea y dándome de alta dos veces en la aplicación. El final de estas
explicaciones supongo que es este artículo, que lleva pidiéndome el periódico
desde mi primer mes sin WhatsApp. No me pareció para tanto entonces —”ni que
fuese el único español sin WhatsApp”—, pero pasado el tiempo he dicho que sí al
periódico: si no soy el único español sin WhatsApp, desde luego formo parte de
una especie en extinción. De hecho, a los que no tenemos WhatsApp se nos hace
conocedores rápidamente de la gente que no tiene, un poco como la conversación
aquella de Aquí
no hay quien viva: “¿Tu hijo es homosexual? Pues entonces tiene que conocer
a mi sobrino; es un chico alto, que estudia en Albacete…”.
Yo tenía varios problemas relacionados con WhatsApp; el más
inquietante era que escribía allí más que en el periódico. Eso no siempre era
malo: a veces, enfrascado en una discusión eterna, observaba que mis respuestas
superaban las 600 palabras, e incluso alguna estaba bien argumentada; de hecho,
al estar discutiendo con un amigo, me daba licencias divertidas que funcionaban
muy bien en el chat. Un día borré una de esas respuestas y la envié al
periódico en forma de columna. Desde entonces, cada vez que tenía que escribir
una columna, insultaba a alguien al azar sobre el tema del que quería
escribirla, y de la discusión posterior extraía, como una piedra preciosa, las
600 palabras mágicas.
Con el tiempo me di cuenta de algo. Podía pasar una tarde
entera hablando con un amigo de lo que fuese, o bien soltando las
chorradas habituales o bien metidos en alguna conversación seria —si es que
quedan conversaciones serias después de los 40 años—. Descubrí que
escribiéndonos casi a diario no lo echaba de menos. Y, viviendo en el barrio de
al lado, llevaba seis meses sin verlo. Tenía de repente un contacto
estrechísimo con un montón de gente con la que hablaba prácticamente a diario,
mediante grupos o de forma individual; tanto contacto teníamos que no echaba de
menos quedar con ellos, a pesar de que vivíamos en la misma ciudad.
Había más cosas, claro. El disparatado número de wasaps que
me entraba al día, muchos de gente desconocida que tenía una propuesta
maravillosa que hacer; la necesidad de tantos amigos y conocidos que escriben
y, al escribir, exige respuesta, a veces inmediata; la sensación de que al
coger el teléfono para hacer una llamada, hacer una foto o entrar en internet
estaba cogiendo una mina que, de no controlar, explotaría en mis manos y me
robaría tres horas comentando un meme.
¿Es todo bueno ahora? No, creo que es peor. El tiempo que he
ganado no lo gasto precisamente leyendo a Tolstoi.
Pero le he cogido el gusto. Me encuentro a gente por la calle que me pregunta
por qué les he bloqueado, ya que no ven mi foto de perfil ni les entra su
mensaje. Salir al mismo momento de todos los grupos al desinstalarlo no me hizo
tampoco muy popular (“a este qué coño le pasa”). A mis compañeros del periódico
les supone un coñazo que no tenga WhatsApp, como es lógico. Me pierdo un montón
de cosas graciosas (polémicas tuiteras, cotilleos, retransmisiones televisivas
comentadas en directo), mis amigos se han dividido entre los que tienen Iphone
(por tanto, iMessage,
parecido a WhatsApp) y no. Con los que no tienen me envío sms (15 céntimos al
día); por ejemplo, mis padres no tienen Iphone y no me han vuelto a escribir en
la vida: es obvio que me tenían ganas. Y sigo generalmente sin responder a
números que no tengo en la agenda, pero los descuelgo un poco más que antes
porque hay gente, muchísima, que desconoce que sin WhatsApp se pueden enviar
mensajes.
Mirándolo otra vez por el lado bueno, no tengo la necesidad
inconsciente de contestar al momento los sms y no pasa nada si me contestan
dentro de una semana, porque si es una urgencia, o quiero hablar con alguien de
algún tema que me preocupa, o quedar con él para tomar algo, o consultar lo que
sea, hago una cosa bastante revolucionaria y que trato de poner de moda entre
mis contactos: llamar.
SER la hora de comer en la montaña de los monos del zoológico de la ciudad de Ichikawa. OÍRSE gruñidos y chillidos entre los 56 macacos residentes cuando un cuidador del zoológico HACER la ronda con un cubo de manzanas, boniatos y coles.
Momentos después, APARECER el residente más famoso de la montaña de los monos: Punch, el macaco de 9 meses que CONVERTIRSE en una sensación de internet después de SER abandonado por su madre al nacer y RECURRIR a un peluche de orangután para consolarse.
“¡MIRAR cómo IR!”, EXCLAMAR David Lena, español de 11 años, quien VISITAR el zoológico de los frondosos suburbios de Tokio con sus padres por tercera vez en una semana. “TENER muchísimas ganas de abrazarlo”.
Punch GIRAR y SALTAR en el aire. COLGARSE boca abajo mientras MORDISQUEAR una galleta. DESFILAR por el recinto del brazo de un cuidador del zoo.
La aventura de Punch COMENZAR en julio, cuando funcionarios del zoológico DECIR que su madre lo HABER abandonado debido a un parto difícil durante una ola de calor. SER reintroducido en la tropa en enero, pero sin la guía de su madre TENER dificultades para integrarse, y a menudo JUGAR solo.
En Japón, ahora CONOCÉRSELE cariñosamente como “Punch-kun”. (Kun SER un término cariñoso para referirse a chicos). INSPIRAR camisetas del “Equipo Punch”, pegatinas en las redes sociales y figuras de acción. IKEA HABER agotado el peluche de juguete del orangután que él HACER famoso. Cientos de personas HABER enviado cartas y dibujos al zoológico.
La fama no SER poca cosa para un macaco de dos kilos y medio. HABER venido acompañada de hordas de fans en busca de fotos, abundancia de chismes (“PUNCH TENER NOVIA❤️”, INFORMAR recientemente un YouTuber, con un entusiasmo similar al de TMZ) y escrutinio cómico (Saturday Night Live FINGIR entrevistar a la madre de Punch, y Jon Stewart SATIRIZARLO en The Daily Show).
Punch HABER manejado el protagonismo mejor que la mayoría de las estrellas jóvenes. Desde que SALTAR a los titulares, HABERSE integrado poco a poco en su tropa y HABER hecho amigos, tanto monos como humanos.
También ESTAR empezando a desprenderse de algunas de las muletas de su juventud, incluido el orangután de peluche. Ya no CORRETEAR por la montaña de los monos con el juguete, aunque SEGUIR acurrucándose a él por la noche. (El zoológico CONSERVAR dos peluches para poder limpiarlos a diario).
Sin embargo, miles de personas SEGUIR yendo cada día al zoológico de la ciudad de Ichikawa, BUSCAR ver en persona al mono y el meme. Punch IGNORARLOS en gran medida. ENTRETENERSE jugando con las cadenas que COLGAR de las rocas de su recinto; SENTARSE para las sesiones de acicalamiento de los mayores; o, muy de vez en cuando, ROBAR bocadillos a otros miembros de la tropa.
En tiempos tumultuosos, Punch HABER proporcionado a sus legiones de fans un alivio frente a las terribles noticias sobre la guerra, el cambio climático, el hambre o el aumento del precio de la gasolina, y HABERSE convertido en un símbolo mundial de resiliencia.
Riko Kusumoto, de 23 años, quien VENDER muebles para el hogar, TOMAR un autobús nocturno desde Kobe, a unos 550 kilómetros de distancia, hasta Ichikawa un día reciente, LLEVAR consigo el juguete que Punch HABER hecho famoso.
“Cuando MIRAR a Punch-kun, no TENER que pensar en cosas como el aumento de los precios o las guerras”, DECIR. “Lo único que PODER pensar SER: ‘¡AGUANTAR, Punch! PASAR un rato muy agradable y reconfortante’”.
Yuko Tanaka, de 66 años, VISITAR el zoológico con su hija, Manami, de 46 años. DECIR que INSPIRARLE la determinación de Punch ante el abandono y el acoso. “No RENDIRSE y VIVIR su vida al máximo, y eso SER lo que CONMOVERME”, DECIR.
La fama de Punch HABER transformado la suerte del zoológico de la ciudad de Ichikawa, que ENFRENTARSE a déficits presupuestarios y LUCHAR por atraer clientes. HABER recibido más de 200.000 dólares, unos 32 millones de yenes, en donaciones desde febrero, cuando DAR a conocer a Punch al mundo. El número de visitantes HABERSE triplicado aproximadamente desde HACER un año, ALCANZAR los 90.000 en marzo.
El zoológico no TENER ni idea de su potencial cuando COMPARTIR por primera vez su historia en las redes sociales el 5 de febrero.
“Actualmente, HABER un mono bebé en el recinto de los monos que SUJETAR un peluche”, ESCRIBIR los responsables del zoológico en X. “¡LLAMARSE Punch y SER un niño! Por favor, ¡CUIDAR con cariño el crecimiento de Punch!”.
Pronto, el zoológico VERSE inundado de mensajes de ánimo de todo el mundo. También HABER quejas, incluso de personas preocupadas por las condiciones del zoológico. La montaña de los monos SER una abarrotada formación rocosa artificial que CARECER de sombra.
A algunos aficionados MOLESTARLES los videos que MOSTRAR a los monos mayores ARRASTRAR y GOLPEAR a Punch. Grupos de defensa de los derechos de los animales, entre ellos PETA, PEDIR al zoológico TRASLADAR a Punch a un santuario.
El zoológico HABER defendido sus esfuerzos por reintegrar a Punch, y HABER emitido media decena de declaraciones sobre el comportamiento de los primates, la dinámica de poder en las tropas y el acoso.
“Hay quien PENSAR que Punch SER adorable; HABER quien SENTIR lástima por él”, DECIR Takashi Yasunaga, supervisor del zoológico. DECIR que el objetivo del zoológico SER apoyar a Punch y “darle la mejor vida posible”.
Shumpei Miyakoshi SER uno de los principales cuidadores de Punch. DARLE de beber leche, y Punch SOLER agarrarse a su brazo a la hora de la merienda. A medida que Punch HACERSE mayor, Miyakoshi DECIR que GUSTARLE verlo llevar una vida normal con su tropa.
“HABER cambiado mucho”, DECIR. “ESPERAR que algún día OLVIDARME”.
Non avrei mai immaginato quanto sarebbe stato arduo portare a compimento quel progetto che, col senno di poi, si rivelerà decisivo per la mia carriera.
Ripensando agli eventi trascorsi, mi stupisce ancora quanto abbiano inciso sulle scelte che intraprenderò nei prossimi anni.
Solo quando avrò terminato questo percorso comprenderò appieno quanto le difficoltà incontrate in passato mi abbiano temprato.
Non era chiaro allora quanto quella decisione avrebbe influenzato il futuro, e tuttavia oggi ne percepisco le conseguenze con lucidità.
Mi resi conto troppo tardi di quanto quell’incontro avrebbe trasformato le mie prospettive, orientando irrimediabilmente ciò che sarei diventato.
recetar ingresar en donar realizar redactar hacer prestar trasplantar seguir estar de producir ser organizar
guardia un medicamento sangre asistencia sanitaria una intervención quirúrgica en la UCI un efecto alérgico a un medicamento turnos una historia clínica órganos un tratamiento análisis clínicos
Completa las frases con el término que falta.
Me tomé unos cacahuetes salados y me (1) mucha sed. La pastilla me (2) un sueño tremendo.
Estoy (3) de frío.
Tengo un (4) en el estómago.
Tengo la garganta (5).
Me (6) de sueño.
Se me (7) los ojos.
Estoy (8) polvo.
Mi madre se (9) mucho al andar.
¡No (10) con mi alma!
¡No puedo más!
Siento una especie de (11) general, me duele todo.
Me da un dolor / pinchazo... A veces, de repente, me daba un dolor (12) en el cuello.
A eso de las 12 siempre me entra un hambre (13). De repente me entró un frío (14) en el cuerpo. Cada vez que discuto con mi tía me entra un dolor de cabeza (15) .
Estoy sudando como un pollo.
Ando cansado / agotado / hecho polvo. Desde que dejé el café ando hecho polvo.
Estoy exhausto / reventado.
Estoy que me muero / me arrastro.
Estoy para el arrastre.
¡No puedo dar un paso más!
Veo las estrellas. Cuando paso mucho tiempo de pie veo las estrellas, es horrible.
Le tensioni attorno a Irán continuano a rappresentare uno dei nodi più delicati della geopolitica contemporanea, soprattutto a causa del suo programma nucleare e della sua influenza regionale. I negoziati intermittenti per riattivare l’accordo nucleare del 2015, noto come Plan de Acción Integral Conjunto, si sono scontrati con una profonda sfiducia reciproca tra Teheran e le potenze occidentali, in particolare Estados Unidos. Allo stesso tempo, l’Iran mantiene una rete di alleanze con attori non statali in Medio Oriente, il che accresce la sua capacità di proiezione ma aumenta anche il rischio di escalation indirette con paesi come Israel o Arabia Saudita. Questo intreccio rende qualsiasi incidente locale un potenziale detonatore di una crisi regionale.
Ora, alcuni analisti sostengono che la percezione dell’Iran come una minaccia destabilizzante sia, in parte, il risultato di narrazioni geopolitiche interessate che omettono fattori difensivi e contestuali. Da questa prospettiva, lo sviluppo di capacità strategiche da parte di Teheran risponderebbe a decenni di isolamento, sanzioni economiche e pressione militare, più che a una intrinseca vocazione espansionistica. Inoltre, sottolineano che anche altri attori regionali contribuiscono all’instabilità, ma ricevono un minore scrutinio internazionale, il che suggerisce un doppio standard nel modo in cui vengono valutate le dinamiche di potere in Medio Oriente.
Traduce también esto:
La crescente presenza della China nell’Artico è diventata una questione geopolitica sempre più rilevante, nonostante non sia un paese rivierasco della regione. Attraverso la sua autodefinizione come “Stato vicino all’Artico”, Pechino ha intensificato la propria partecipazione a progetti infrastrutturali, alla ricerca scientifica e alle nuove rotte commerciali emergenti, come la cosiddetta Via della Seta Polare. Lo scioglimento progressivo dei ghiacci, legato al cambiamento climatico, sta aprendo nuove vie marittime e facilitando l’accesso alle risorse naturali, attirando l’interesse di molteplici attori, tra cui Rusia e Estados Unidos. Questo contesto ha suscitato preoccupazioni riguardo a una possibile competizione strategica in una regione tradizionalmente caratterizzata dalla cooperazione.
Ebbene, alcuni esperti sostengono che il coinvolgimento cinese nell’Artico non debba essere necessariamente interpretato come una minaccia, bensì come un’estensione logica dei suoi interessi economici globali. Da questa prospettiva, la partecipazione della Cina a iniziative scientifiche e commerciali potrebbe contribuire allo sviluppo sostenibile della regione e rafforzare i meccanismi di governance internazionale esistenti, come il Consejo Ártico. Inoltre, ritengono che esagerare il rischio geopolitico potrebbe ostacolare opportunità di cooperazione in ambiti chiave come la ricerca climatica e la gestione delle rotte marittime, dove il coordinamento internazionale è essenziale.
La historia de la Monobloc, la
humilde silla de plástico blanca que ha conquistado el mundo
Paula Rosas
Título del
autor,BBC News
29 marzo
2026
Quizás no
conozcas su nombre, pero puede que estés leyendo esto ahora mismo sentado en
uno de estos iconos.
Es posible,
también, que tengas algún recuerdo asociado a ella: esa barbacoa en el jardín
de los amigos, donde siempre cabe uno más porque las sillas están apiladas en
un rincón; o esa cerveza fría en el bar de la playa, con los pies enterrados en
la arena y los muslos sudando por el calor y el contacto con el plástico.
La Monobloc,
esa humilde silla de plástico blanca que sin duda conoces y en la que tantas
veces has descansado, es el mueble más utilizado del mundo, un objeto tan
popular que ha trascendido todas las fronteras.
Barata,
versátil, resistente a la intemperie y ligera, la silla Monobloc o monobloque -
que se fabrica en una sola pieza de plástico, generalmente polipropileno- es un
icono del diseño industrial que despierta por igual amor y odio.
Sus
detractores critican que su omnipresencia la convierte en un símbolo de
vulgaridad, de chabacanería, en una asesina de la estética, además de un
ejemplo de la cultura del usar y tirar, con sus graves consecuencias
medioambientales.
En su
versión más extrema, la silla de plástico fue prohibida durante diez años en
los espacios públicos de la ciudad suiza de Basilea para "hacerla más bella".
Sus
defensores destacan, sin embargo, su diseño democrático y todas las cualidades
claves de su éxito: se puede apilar, pesa poco, es realmente barata y tiene
-por lo general- una forma ergonómica que la hace muy cómoda.
Su lugar
privilegiado en la portada del galardonado disco "Debí tirar más
fotos", del artista puertorriqueño Bud Bunny, dice mucho de ese hilo
sentimental que ata a tantas personas a la Monobloc y a las memorias que nos
trae.
La silla,
que se fabrica inyectando una resina de plástico líquida en un molde a unos
220-230 grados hasta que se enfría y endurece, está en todas partes.
"La
Monobloc es la combinación del deseo tan arraigado entre los diseñadores de
crear la silla perfecta fabricada de forma industrial", describe Paola
Antonelli, comisaria del MoMA, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en un
video de la institución para acompañar la exposición de 2025 "Pirueta,
puntos de inflexión en el diseño".
Una historia
de innovación
Los
diseñadores empezaron a experimentar con la idea de fabricar una silla a partir
de una sola pieza de material ya en la década de 1920.
Las primeras
pruebas utilizaron chapa metálica, que se prensaba, o curvaban madera laminada.
El
desarrollo del plástico como material resistente y de enorme versatilidad llevó
en 1946 al arquitecto canadiense Douglas Colborne Simpson a crear, en
colaboración con el ingeniero James Donahue, un prototipo de silla apilable de
una sola pieza de plástico.
Esta silla
podría considerarse la primera Monobloc de la historia, pero no pasó del
prototipo.
En los años
siguientes, los avances en los conocidos como termoplásticos permitieron
industrializar este proceso.
Para ello se
utilizaron pellets o pequeñas bolitas de material plástico como el
polipropileno que, al calentarlas, se vuelven líquidas y pueden ser inyectadas
en un molde. La tecnología permitía, además, fabricar estos muebles en
llamativos colores.
Producto de
esta innovación son iconos del diseño industrial como la silla Panton, creada
por el diseñador danés Verner Panton entre los años 1958 y 1967; la silla
Bofinger (1964-1967), del arquitecto alemán Helmut Bätzner; la Selene
(1961-1968), del diseñador italiano Vico Magistretti o la Universale (1965),
del también italiano Joe Colombo.
Todas estas
piezas son hoy objetos de deseo de coleccionistas, amantes del diseño y el
interiorismo, sillas que pueden verse en museos y en hogares sofisticados.
¿Cómo se
pasó entonces de la Panton o la Bofinger a la humilde silla de plástico de la
sala de espera?
Fabricar
esas piezas, aunque ya se hacía de manera industrial, seguía siendo caro. No
fue hasta 1972 que el ingeniero francés Henry Massonet creó su Fauteuil 300
(sillón 300), que se considera, según el Vitra Design Museum, el arquetipo de
la silla de plástico barata.
Al mejorar
la eficiencia del proceso de fabricación, Massonet logró reducir la duración
del ciclo de fabricación a solo 2 minutos y la comercializó a través de su
compañía STAMP.
La Fauteuil
300 tenía brazos y se parecía mucho a las Monobloc de hoy, aunque no fue
demasiado popular en un primer momento. La mala suerte hizo coincidir su
aparición con la primera gran crisis del petróleo.
"Si
bien los muebles de plástico habían sido un presagio de futuro, ahora se veían
cada vez más negativamente, como resultado no solo del aumento del precio de la
materia prima, sino también de una nueva conciencia medioambiental",
explica su descripción en el Vitra Design Museum.
Massonet,
sin embargo, nunca patentó su invento, señala Paola Antonelli, que dirige el
departamento de Arquitectura y Diseño del MoMA, y esto permitió que otras
muchas empresas copiaran su proceso de fabricación y su modelo, que fue
modificándose una y otra vez.
En la década
de 1980, el grupo francés Grosfillex logró fabricar su silla de jardín de
resina a tan bajo costo que pudo lanzarla al mercado a precios muy
competitivos, multiplicando exponencialmente su popularidad y convirtiendo a la
Monobloc en el producto de masas que es hoy.
Una silla
para la vida
Haz un
repaso a tus álbumes de fotos, como hizo Bad Bunny. Seguro que en más de una
aparece esta icónica silla, ya sea en tu entorno doméstico como en las imágenes
de tus viajes más exóticos.
Igual la
encuentras en la medina de Rabat que en un mitin político en Marsella, en un
restaurante callejero de Pekín, revestidas de tela en un banquete de boda en
Buenos Aires o en la calle de un pueblo mediterráneo, donde las vecinas las
sacan por la tarde a la acera para charlar a la fresca y ver pasar las horas y
la vida.
Y no solo
las hay blancas. Se fabrican en muchos colores, con diseños diferentes, con
brazos y sin brazos, y en calidades distintas.
Más de una
pata se ha quebrado en los modelos más económicos al ser desafiada por un
usuario robusto o al que le gusta balancearse. Otras, sin embargo, duran
décadas: las de la casa de mis padres siguen, desde hace más de 40 años,
juntándonos a la mesa a toda la familia cada verano.
Se calcula
que cuesta unos US$ 3 fabricarla, y en muchos sitios se vende por apenas US$10,
lo que hace que esta silla sea ubicua.
Pero diez
dólares no valen lo mismo en Accra que en Berlín y, por esto, mientras en
algunas sociedades ricas es un objeto que en cuanto se estropea se tira, en
muchos otros sitios se repara y adapta a las necesidades de sus usuarios.
Sillas
blancas de plástico recosidas con alambre o entablilladas son moneda común en
los barrios más humildes y en zonas rurales de muchos países. Según Paola
Antonelli, la silla Monobloc encarna una paradoja:
"En
algunos países, se produce en masa y se deshecha rápidamente, mientras que en
otros se valora y repara, reflejando diferentes percepciones de su valor. Su
naturaleza multifacética simboliza la compleja cultura de consumo en el mundo
de hoy".
Para el
teórico social Ethan Zuckerman, algunos objetos "han alcanzado tal nivel
de perfección en su diseño que no necesitan adaptarse para tener éxito, tanto
en África como en los barrios residenciales de Estados Unidos"
En su ensayo
"Esas sillas blancas de plástico – El Monobloc y el objeto sin
contexto", Zuckerman, quien dirigió el Centro para los Medios Cívicos del
Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), lanza una advertencia para los
críticos de los objetos como esta popular silla.
"Despreciarlos
es un riesgo: los objetos independientes del contexto como la Monobloc han
alcanzado una fama mundial que pocos seres humanos podrían siquiera
soñar".
Para el teórico social Ethan Zuckerman, algunos objetos "han alcanzado tal nivel de perfección en su diseño que no necesitan adaptarse para tener éxito, tanto en África como en los barrios residenciales de Estados Unidos"
En su ensayo "Esas sillas blancas de plástico – El Monobloc y el objeto sin contexto", Zuckerman, quien dirigió el Centro para los Medios Cívicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), lanza una advertencia para los críticos de los objetos como esta popular silla.
"Despreciarlos es un riesgo: los objetos independientes del contexto como la Monobloc han alcanzado una fama mundial que pocos seres humanos podrían siquiera soñar".
Es listo como el ________. Es fuerte como un ________. Es lento como una ________. Es terco como una ________. Es valiente como un ________. Es astuto como un ________. Es pobre como una ________. Es fresco como una ________. Es rápido como el ________. Es suave como la ________. Es claro como el ________. Es blanco como la ________. Es duro como una ________. Es sordo como una ________. Es feo como un ________. Es feliz como una ________. Es rojo como un ________. Es pobre como una ________. Es ligero como una ________. Es callado como una ________. Es tonto como una ________. Es listo como un ________. Es flaco como un ________. Es alto como una ________. Es fuerte como una ________. Es dulce como la ________. Es frío como el ________. Es caliente como el ________. Es raro como un ________ ________. Es pesado como el ________.
2. Busca sinónimos o traducciones para las expresiones en negrita.
3. Piensa en tu experiencia personal. ¿Ocurre lo mismo en Italia?
4. ¿Qué piensas de la cuestión?
Los niños estadounidenses comían cosas muy singulares en el siglo XIX. Salsas
picantes y pepinillos en salmuera. Mariscos y vísceras. Betabel, colinabos y
col rizada. Incluso les encantaba el café. En documentos históricos de todo
tipo, desde tratados médicos hasta diarios y registros escolares, los
estadounidenses describían a los niños como omnívoros curiosos que apreciaban
los sabores osados y las texturas
interesantes. Un grupo de niños del Boston de la década de 1830 gastaron su
dinero de bolsillo en ostras crudas, las rociaron con vinagre y pimienta y “las
comieron con entusiasmo”. Una niña del Nueva York de la década de 1870 adoraba
una ensalada hecha con cangrejos diminutos que comía a cucharadas, con todo y
caparazón. Era normal que un niño se alegrara cuando veía crecer rábanos en el
jardín o que otro llamara a la col una “delicia”.
Cuanto más investigaba, más claro me quedaba que, en el
pasado, las experiencias de los niños estadounidenses con la comida estaban
llenas de placer. Esto no se relacionaba con el estatus socioeconómico: los
niños de todos los niveles de ingresos comían alegremente una variedad de
alimentos. Pero, ahora, la apreciación de los sabores fuertes y variados puede
ser difícil de encontrar en los niños estadounidenses. Los foros de mensajes
para padres están llenos de preguntas sobre cómo conseguir que los niños
reacios coman verduras, y los menús infantiles ofrecen platos dirigidos a
paladares limitados.
Muchos adultos asumen que los remilgos prolongados son una etapa innata y que a los niños les
disgustan muchos alimentos por naturaleza. Pero el melindre infantil
generalizado es un fenómeno moderno creado en gran parte por las empresas de comida chatarra que comercializaron
productos como los cereales azucarados como alimentos específicos para niños, y
convencieron a los estadounidenses de que los niños necesitan alimentos
diferentes y fáciles de disfrutar. Esto fomentó
una cultura del remilgo que perjudica la salud de los niños y los priva de una serie de placeres y
sabores que habrían estado a su disposición en el pasado, todo ello mientras se
añade un montón de ansiedad innecesaria a las mesas de todo el país.
Si el melindre prolongado en la infancia fuera
evolutivamente protector, esperaríamos verlo aparecer con regularidad en
diferentes lugares y épocas. Pero esa delicadeza generalizada no existió hasta
el siglo XX. Antes de eso, a los niños a veces les disgustaban alimentos
específicos, igual que a algunos adultos. Pero la gente de épocas anteriores no
pensaba que la quisquillosidad
estuviera relacionada con la edad.
Todo esto cambió cuando empresas de alimentos como General
Foods y Nestlé invirtieron dinero en diseñar productos en laboratorios para
captar los instintos biológicos de los humanos y hacer que sus alimentos fueran
muy difíciles de rechazar. A mediados del siglo XX, miles de alimentos
industriales seductoramente dulces, salados y crujientes abarrotaban las estanterías de los supermercados, y muchos de ellos
se comercializaban agresivamente para los niños, desde las galletas Goldfish
hasta los SpaghettiOs. “Agradable para los niños” surgió como eslogan de
mercadotecnia, y las marcas prometían en campañas publicitarias que incluso los
comensales más quisquillosos encontrarían su comida irresistiblemente
deliciosa. Un anuncio de Kraft de 1960 presentaba a una niña por demás
“quisquillosa” que “¡nunca rechaza el suave y dorado Velveeta!”.
Las empresas de comida chatarra también empezaron a
promocionar tentempiés para llevar y altos en calorías. En la década de 1960,
Hostess vendía “pasteles para picotear” como los Twinkies, Kellogg’s anunciaba
Pop-Tarts como un alimento para “comer en cualquier momento”, y los cereales
tremendamente dulces aparecían tanto en la merienda como en el desayuno. Muchos
niños mordisqueaban y bebían leche o Kool-Aid hasta el inicio de las comidas y
mostraban mucho menos interés por los alimentos de la mesa porque ya estaban
llenos. Por el contrario, los niños del siglo XIX no picoteaban mucho y tenían
más apetito a la hora de comer. Si alguna vez has ido de compras con el
estómago vacío y has regresado a casa con productos cuestionables que
simplemente se veían tan bien, entenderás
lo mucho que el hambre agudiza el interés por la comida.
A medida que los
comerciantes glorificaron la
alimentación personalizada, los hábitos alimenticios de las familias se
fracturaron. Antes de mediados del siglo XX, la mayoría de las comidas
familiares se centraban en la comida comunitaria. Pero a medida que las cocinas
se fueron llenando de productos de estantería, muchos estadounidenses dejaron
de compartir la comida de la misma manera. Una madre de los años 50 señaló que
ella comía pan integral, su marido pan de centeno y sus hijos pan blanco. ¿Y
por qué no? Para entonces, todas esas variedades podían encontrarse baratas y
precortadas en el supermercado. La cocina también se había transformado. A
medida que se procesaban más alimentos en las fábricas, la preparación de la
comida podía significar calentar o incluso solo emplatar. De repente se hizo
factible “cocinar” comidas por separado para los distintos miembros de la
familia.
Podría ser tentador
comprar las afirmaciones de los mercadólogos de que una vez que los niños
tenían comida personalizada, por fin podían comer lo que realmente les gustaba.
Pero la explosión de opciones fomentó la comparación y el descontento. En solo unas décadas, todo tipo de alimentos que
solían encantar a los niños —desde los mariscos salados hasta la mermelada
amarga— pasaron a ser impensables como alimentos infantiles. Las preferencias
se entendían cada vez más en relación con las aversiones, y el desagrado se convirtió en el núcleo de
la alimentación infantil moderna.
Hoy en día, los padres escuchan sombrías advertencias sobre los
peligros de luchar contra los melindres. Se nos dice que instar a los niños a
comer cualquier plato en particular puede causar aversiones duraderas y
relaciones disfuncionales con la comida. Al mismo tiempo, muchos padres se angustian en silencio por las dietas
altamente procesadas de los niños, las crecientes tasas de obesidad y las
tensiones que acechan a los
melindrosos en la vida cotidiana. Hay mucha disonancia cognitiva, y está
contribuyendo a una inmensa frustración, ansiedad y culpabilidad inmerecida en
torno a la hora de comer.
No tiene por qué ser así. Antes de la época de los Froot
Loops y los Lunchables, generaciones de niños estadounidenses aprendieron a
saborear alimentos de todas las texturas, sabores y colores, mientras que la
obesidad y los trastornos alimenticios eran inusuales. Los niños del pasado nos
muestran un futuro más feliz, más sano y más delicioso. Los padres pueden
animar a los niños a comer alimentos familiares y evitar ofrecerles
alternativas. También pueden contrarrestar la mercadotecnia corporativa con sus
propios mensajes entusiastas sobre los alimentos que les gusta comer, ya sea
una ensalada crujiente o unas aceitunas verdes.
El melindre infantil a gran escala no es culpa de los
padres. Es el producto de fuerzas históricas, y ha hecho la vida más difícil
para todos. Pero tenemos más poder del que creemos. Los niños aún son capaces
de aprender a amar los alimentos que disfrutan sus mayores; solo necesitamos
recuperar la confianza para ayudarles con cariño a hacerlo.
1. Contexto: instrucciones típicas de un profesor a un alumno:
Ejercicio 1: Completa con el imperativo (tú)
Completa las frases con la forma correcta del imperativo afirmativo (tú) del verbo entre paréntesis.
______ con atención a la explicación. (escuchar) ______ el libro en la página 25. (abrir) ______ en voz alta el primer párrafo. (leer) ______ la respuesta en tu cuaderno. (escribir) ______ la mano si tienes una pregunta. (levantar) ______ el ejercicio 3. (hacer) ______ con tu compañero. (trabajar) ______ la tarea al final de la clase. (entregar) ______ atención a las instrucciones. (prestar) ______ silencio durante el examen. (guardar)
Ejercicio 2: Pasa al imperativo negativo (tú), o sea, subjuntivo. Ejemplo: Habla en clase → No hables en clase.
Mira el móvil → _______________________ Interrumpe la explicación → _______________________ Copia de tu compañero → _______________________ Llega tarde a clase → _______________________
Hacer ruido → _______________________
Ejercicio 3: Relaciona la situación con la orden
Une cada situación con la orden correcta. Situaciones: A. El profesor quiere empezar la actividad del libro. B. Un alumno quiere hablar. C. Es un examen y hay ruido. D. Los alumnos van a hacer una actividad en parejas. Órdenes:Levanta la mano. Abre el libro. Guarda silencio. Trabaja con tu compañero.
B. Contexto: un policía con un ciudadano.
Ejercicio 1: Completa con el imperativo correcto Completa las frases con el imperativo afirmativo (usted) del verbo entre paréntesis.
Señor, por favor ______ su identificación. (mostrar) ¡______ inmediatamente! (detenerse) ______ las manos, por favor. (levantar) ______ distancia de la zona. (mantener) ______ conmigo un momento. (acompañar) Por favor, ______ del vehículo. (salir) ______ el maletero del coche. (abrir) ______ las manos detrás de la espalda. (poner) ______ aquí hasta que volvamos. (permanecer) ______ mis instrucciones con atención. (seguir)
Ejercicio 2: Transforma al imperativo negativo (usted) Ejemplo: Levante las manos → No levante las manos.
Salir del vehículo → __________________________ Abrir el maletero → __________________________ Moverse → __________________________ Acercarse → __________________________
Ejercicio 3: Elige la orden correcta Selecciona la opción correcta.
Si el policía quiere ver un documento: a) Levante las manos b) Muéstreme su identificación c) Retroceda Si una persona está muy cerca de una zona peligrosa: a) Mantenga distancia b) Abra el maletero c) Ponga las manos detrás de la espalda Si el policía quiere que alguien vaya con él: a) Permanezca aquí b) Acompáñeme c) Deténgase
Ejercicio 4: Traduce las expresiones del ejercicio 3 a tu lengua.