Planta Baja
jueves, 14 de mayo de 2026
lunes, 11 de mayo de 2026
Textos mapeados: dos artículos de Jabois.
1. Busca un titular para ambos textos.
2. Propón expresiones sinónimas para las negritas:
A la vuelta de Navidad me fui a comer con un amigo. Me habló
mucho y muy bien de una nueva persona que hay en su vida, una chica que conoció
hacía meses y con la que se estaba escribiendo un montón. “Pero no nos
acostamos, eso no. Yo respeto a mi novia”.
Dejé en la mesa los cubiertos porque hay pocos momentos
impresionantes en la vida, y sospeché que ese iba a ser uno de ellos. ¿Cuánto
era “un montón”? “Todos los días”, dijo con los ojos brillantes, “y siempre un
mensaje de buenos días y otro de buenas noches. No pasan dos horas sin que nos
digamos algo o nos llamemos. Pero no vamos más allá, no estamos engañando a
nadie, es solo que no sabemos a dónde va esto”.
“No vamos más allá”, dijo. A dónde te queda ir ya, alma de
cántaro.
Mi amigo X, y mi amiga Y, y supongo que varios más porque
esto es una plaga, tienen tanta confianza en su educación católica que creen
que hay más infidelidad en follar que en escribir. Y probablemente piensen
todos que su pareja les está agradecida cuando lo más natural, llegado el caso,
es que tu novio o tu novia se acuesten con quien les dé la gana y borren su
número cuanto antes, porque un polvo dura mucho menos y es más discreto que
coger el teléfono en una cena o en unas vacaciones y ponerse a echar de menos a
otro.
Yo le dije a mi amigo lo que pensaba: que por supuesto está
bien escribirse con todo el mundo y escribirse más con personas que aprecias o
te gustan, que también es natural el tonteo, que a veces uno puede —por
inercia, por inconsciencia, por placer o por frivolidad— llevarlo más lejos,
pero llamarse y escribirse todos los días y contarse todo con otra persona era
una relación sentimental, hubiese sexo o no. Y que él era libre de tener esa
relación y cien más, Dios me libre de juzgarlo, pero en la vida tan importante es
inventarse una moto como no vendérsela a los demás.
Yo detecto en mi generación un ansia terrible de no sentirse
mal cuando se hace el mal, o peor aún: creer que está mal cualquier cosa.
También detecto que el sexo continúa siendo prestigioso y teniendo el aura de
punto culminante del amor, engaño máximo y traición mayor en caso de la pareja
infiel. Me parece respetable, pero, como en la salud, la homeopatía agrava lo
que se quiere combatir. Que ese tipo de relaciones de 200 mensajes al día,
intercambios de fotos y enganches adictivos a otra persona sin tocarla se
mantengan para “no poner los cuernos” es la broma definitiva: hay más cuernos
en un “buenas noches” desde la cama mientras ves una serie con tu pareja que en
un polvo rápido, o dos, con una persona desconocida en un ascensor.
Es urgente desprestigiar y banalizar, en según qué
ocasiones, el sexo. El problema que tiene mi generación es que cree que para
saber dónde va el mundo tiene que mirar a sus padres en lugar de a sus hijos, y
no solo. Tenemos 40 años y vivimos entre el fuego cruzado de una generación que
está dejando de saber todo sobre un mundo que ya no comprende y otra que
empieza a saberlo sobre un mundo que aún no comprende. Umberto Eco, que de
seguir vivo sería millennial, hizo que un personaje suyo se enamorase
en una orgía de una mujer con la que estaba practicando sexo y luego, solo
luego, la invitó a un café: eso es haberlo entendido todo. A menudo enamora más
una conversación que un orgasmo, aunque disfrutemos más del segundo, por eso deberíamos
abusar más de él y tratar con más cuidado lo otro.
Desde hace un año y medio, cuando doy mi número de teléfono,
añado la coletilla “no tengo WhatsApp”.
La primera razón es un tanto escandalosa: no tengo WhatsApp. La segunda razón,
más importante, es intentar evitar un conflicto. En más de una ocasión alguien
me ha hecho llegar su mosqueo “porque me has dado el número mal” e incluso uno
pensó que lo había bloqueado preventivamente; según él, nada más darnos
nuestros números, poco menos que yo me había dado la vuelta para grabar su
número y bloquearlo. No fue así, pero la idea me pareció excitante.
Desde hace un año y medio, también, tengo que dar tantas
explicaciones por no tener WhatsApp que hubiera ahorrado más tiempo comprando
otra línea y dándome de alta dos veces en la aplicación. El final de estas
explicaciones supongo que es este artículo, que lleva pidiéndome el periódico
desde mi primer mes sin WhatsApp. No me pareció para tanto entonces —”ni que
fuese el único español sin WhatsApp”—, pero pasado el tiempo he dicho que sí al
periódico: si no soy el único español sin WhatsApp, desde luego formo parte de
una especie en extinción. De hecho, a los que no tenemos WhatsApp se nos hace
conocedores rápidamente de la gente que no tiene, un poco como la conversación
aquella de Aquí
no hay quien viva: “¿Tu hijo es homosexual? Pues entonces tiene que conocer
a mi sobrino; es un chico alto, que estudia en Albacete…”.
Yo tenía varios problemas relacionados con WhatsApp; el más
inquietante era que escribía allí más que en el periódico. Eso no siempre era
malo: a veces, enfrascado en una discusión eterna, observaba que mis respuestas
superaban las 600 palabras, e incluso alguna estaba bien argumentada; de hecho,
al estar discutiendo con un amigo, me daba licencias divertidas que funcionaban
muy bien en el chat. Un día borré una de esas respuestas y la envié al
periódico en forma de columna. Desde entonces, cada vez que tenía que escribir
una columna, insultaba a alguien al azar sobre el tema del que quería
escribirla, y de la discusión posterior extraía, como una piedra preciosa, las
600 palabras mágicas.
Con el tiempo me di cuenta de algo. Podía pasar una tarde
entera hablando con un amigo de lo que fuese, o bien soltando las
chorradas habituales o bien metidos en alguna conversación seria —si es que
quedan conversaciones serias después de los 40 años—. Descubrí que
escribiéndonos casi a diario no lo echaba de menos. Y, viviendo en el barrio de
al lado, llevaba seis meses sin verlo. Tenía de repente un contacto
estrechísimo con un montón de gente con la que hablaba prácticamente a diario,
mediante grupos o de forma individual; tanto contacto teníamos que no echaba de
menos quedar con ellos, a pesar de que vivíamos en la misma ciudad.
Había más cosas, claro. El disparatado número de wasaps que
me entraba al día, muchos de gente desconocida que tenía una propuesta
maravillosa que hacer; la necesidad de tantos amigos y conocidos que escriben
y, al escribir, exige respuesta, a veces inmediata; la sensación de que al
coger el teléfono para hacer una llamada, hacer una foto o entrar en internet
estaba cogiendo una mina que, de no controlar, explotaría en mis manos y me
robaría tres horas comentando un meme.
¿Es todo bueno ahora? No, creo que es peor. El tiempo que he
ganado no lo gasto precisamente leyendo a Tolstoi.
Pero le he cogido el gusto. Me encuentro a gente por la calle que me pregunta
por qué les he bloqueado, ya que no ven mi foto de perfil ni les entra su
mensaje. Salir al mismo momento de todos los grupos al desinstalarlo no me hizo
tampoco muy popular (“a este qué coño le pasa”). A mis compañeros del periódico
les supone un coñazo que no tenga WhatsApp, como es lógico. Me pierdo un montón
de cosas graciosas (polémicas tuiteras, cotilleos, retransmisiones televisivas
comentadas en directo), mis amigos se han dividido entre los que tienen Iphone
(por tanto, iMessage,
parecido a WhatsApp) y no. Con los que no tienen me envío sms (15 céntimos al
día); por ejemplo, mis padres no tienen Iphone y no me han vuelto a escribir en
la vida: es obvio que me tenían ganas. Y sigo generalmente sin responder a
números que no tengo en la agenda, pero los descuelgo un poco más que antes
porque hay gente, muchísima, que desconoce que sin WhatsApp se pueden enviar
mensajes.
Mirándolo otra vez por el lado bueno, no tengo la necesidad
inconsciente de contestar al momento los sms y no pasa nada si me contestan
dentro de una semana, porque si es una urgencia, o quiero hablar con alguien de
algún tema que me preocupa, o quedar con él para tomar algo, o consultar lo que
sea, hago una cosa bastante revolucionaria y que trato de poner de moda entre
mis contactos: llamar.
https://elpais.com/ideas/2022-05-15/mi-vida-sin-whatsapp.html
Órdenes negativas frecuentes. Oraciones negativas lexicalizadas
1. Imperativos negativos: completa con la forma correcta
Conjuga el verbo entre paréntesis en imperativo negativo.
__________ tanto. (preocuparse / tú)
__________ eso. (hacer / tú)
__________ tan fuerte. (hablar / vosotros)
__________ en clase. (gritar / ustedes)
__________ aquí. (correr / tú)
__________ el cuadro. (tocar / usted)
__________ tarde. (llegar / tú)
__________ las llaves. (olvidar / vosotros)
__________ nunca. (rendirse / tú)
__________ dentro de casa. (fumar / ustedes)
__________ demasiado. (beber / tú)
__________ esta noche. (salir / vosotros)
__________ tarde. (volver / tú)
__________ tonterías. (decir / usted)
__________ todavía. (irse / ustedes)
__________ hacia atrás. (mirar / tú)
__________ a tu hermano. (molestar / vosotros)
__________ durante la película. (moverse / ustedes)
__________ historias. (inventar / tú)
__________ de mí. (reírse / vosotros)
|
A. No pasa nada |
Expresar incredulidad o sorpresa fuerte |
|
B. No me digas |
Animar a continuar |
|
C. No te preocupes |
Quitar importancia a un problema |
|
D. No te rindas |
Mostrar cortesía |
|
E. No fastidies |
Tranquilizar a alguien |
|
F. No me jodas*** |
Expresar sorpresa coloquial |
|
G. No es para tanto |
Expresar sorpresa vulgar o enfado |
|
H. No faltaba más |
Decir que algo no tiene importancia |
|
I. No puede ser |
Reaccionar con sorpresa ante una noticia |
|
J. No hay problema |
Indicar que algo está bien o permitido |
Un mono famoso. Vaciado de verbos.
SER la hora de comer en la montaña de los monos del zoológico de la ciudad de Ichikawa. OÍRSE gruñidos y chillidos entre los 56 macacos residentes cuando un cuidador del zoológico HACER la ronda con un cubo de manzanas, boniatos y coles.
Momentos después, APARECER el residente más famoso de la montaña de los monos: Punch, el macaco de 9 meses que CONVERTIRSE en una sensación de internet después de SER abandonado por su madre al nacer y RECURRIR a un peluche de orangután para consolarse.
“¡MIRAR cómo IR!”, EXCLAMAR David Lena, español de 11 años, quien VISITAR el zoológico de los frondosos suburbios de Tokio con sus padres por tercera vez en una semana. “TENER muchísimas ganas de abrazarlo”.
Punch GIRAR y SALTAR en el aire. COLGARSE boca abajo mientras MORDISQUEAR una galleta. DESFILAR por el recinto del brazo de un cuidador del zoo.
La aventura de Punch COMENZAR en julio, cuando funcionarios del zoológico DECIR que su madre lo HABER abandonado debido a un parto difícil durante una ola de calor. SER reintroducido en la tropa en enero, pero sin la guía de su madre TENER dificultades para integrarse, y a menudo JUGAR solo.
En Japón, ahora CONOCÉRSELE cariñosamente como “Punch-kun”. (Kun SER un término cariñoso para referirse a chicos). INSPIRAR camisetas del “Equipo Punch”, pegatinas en las redes sociales y figuras de acción. IKEA HABER agotado el peluche de juguete del orangután que él HACER famoso. Cientos de personas HABER enviado cartas y dibujos al zoológico.
La fama no SER poca cosa para un macaco de dos kilos y medio. HABER venido acompañada de hordas de fans en busca de fotos, abundancia de chismes (“PUNCH TENER NOVIA❤️”, INFORMAR recientemente un YouTuber, con un entusiasmo similar al de TMZ) y escrutinio cómico (Saturday Night Live FINGIR entrevistar a la madre de Punch, y Jon Stewart SATIRIZARLO en The Daily Show).
Punch HABER manejado el protagonismo mejor que la mayoría de las estrellas jóvenes. Desde que SALTAR a los titulares, HABERSE integrado poco a poco en su tropa y HABER hecho amigos, tanto monos como humanos.
También ESTAR empezando a desprenderse de algunas de las muletas de su juventud, incluido el orangután de peluche. Ya no CORRETEAR por la montaña de los monos con el juguete, aunque SEGUIR acurrucándose a él por la noche. (El zoológico CONSERVAR dos peluches para poder limpiarlos a diario).
Sin embargo, miles de personas SEGUIR yendo cada día al zoológico de la ciudad de Ichikawa, BUSCAR ver en persona al mono y el meme. Punch IGNORARLOS en gran medida. ENTRETENERSE jugando con las cadenas que COLGAR de las rocas de su recinto; SENTARSE para las sesiones de acicalamiento de los mayores; o, muy de vez en cuando, ROBAR bocadillos a otros miembros de la tropa.
En tiempos tumultuosos, Punch HABER proporcionado a sus legiones de fans un alivio frente a las terribles noticias sobre la guerra, el cambio climático, el hambre o el aumento del precio de la gasolina, y HABERSE convertido en un símbolo mundial de resiliencia.
Riko Kusumoto, de 23 años, quien VENDER muebles para el hogar, TOMAR un autobús nocturno desde Kobe, a unos 550 kilómetros de distancia, hasta Ichikawa un día reciente, LLEVAR consigo el juguete que Punch HABER hecho famoso.
“Cuando MIRAR a Punch-kun, no TENER que pensar en cosas como el aumento de los precios o las guerras”, DECIR. “Lo único que PODER pensar SER: ‘¡AGUANTAR, Punch! PASAR un rato muy agradable y reconfortante’”.
Yuko Tanaka, de 66 años, VISITAR el zoológico con su hija, Manami, de 46 años. DECIR que INSPIRARLE la determinación de Punch ante el abandono y el acoso. “No RENDIRSE y VIVIR su vida al máximo, y eso SER lo que CONMOVERME”, DECIR.
La fama de Punch HABER transformado la suerte del zoológico de la ciudad de Ichikawa, que ENFRENTARSE a déficits presupuestarios y LUCHAR por atraer clientes. HABER recibido más de 200.000 dólares, unos 32 millones de yenes, en donaciones desde febrero, cuando DAR a conocer a Punch al mundo. El número de visitantes HABERSE triplicado aproximadamente desde HACER un año, ALCANZAR los 90.000 en marzo.
El zoológico no TENER ni idea de su potencial cuando COMPARTIR por primera vez su historia en las redes sociales el 5 de febrero.
“Actualmente, HABER un mono bebé en el recinto de los monos que SUJETAR un peluche”, ESCRIBIR los responsables del zoológico en X. “¡LLAMARSE Punch y SER un niño! Por favor, ¡CUIDAR con cariño el crecimiento de Punch!”.
Pronto, el zoológico VERSE inundado de mensajes de ánimo de todo el mundo. También HABER quejas, incluso de personas preocupadas por las condiciones del zoológico. La montaña de los monos SER una abarrotada formación rocosa artificial que CARECER de sombra.
A algunos aficionados MOLESTARLES los videos que MOSTRAR a los monos mayores ARRASTRAR y GOLPEAR a Punch. Grupos de defensa de los derechos de los animales, entre ellos PETA, PEDIR al zoológico TRASLADAR a Punch a un santuario.
El zoológico HABER defendido sus esfuerzos por reintegrar a Punch, y HABER emitido media decena de declaraciones sobre el comportamiento de los primates, la dinámica de poder en las tropas y el acoso.
“Hay quien PENSAR que Punch SER adorable; HABER quien SENTIR lástima por él”, DECIR Takashi Yasunaga, supervisor del zoológico. DECIR que el objetivo del zoológico SER apoyar a Punch y “darle la mejor vida posible”.
Shumpei Miyakoshi SER uno de los principales cuidadores de Punch. DARLE de beber leche, y Punch SOLER agarrarse a su brazo a la hora de la merienda. A medida que Punch HACERSE mayor, Miyakoshi DECIR que GUSTARLE verlo llevar una vida normal con su tropa.
“HABER cambiado mucho”, DECIR. “ESPERAR que algún día OLVIDARME”.
https://www.nytimes.com/es/2026/05/10/espanol/mundo/punch-mono-japon-crecimiento.html
martes, 5 de mayo de 2026
Órdenes: traducción
1. Traduce estos imperativos al español.
Dimmelo
Portamelo
Portatelo via
Mettitelo
Toglitelo
Compralo
Fallo
Provalo
Spiegamelo
Raccontamelo
Scrivimi
Chiamami
Guardalo
Ascoltalo
Ricordatelo
Conservalo
Passamelo
Restituiscimelo
Mostramelo
Lavati le mani
2. Transfórmalos en la forma "usted" y "ustedes".
3. Traduce estos otros con "ci" o "ne":
Pensaci
Credici
Vacci
Torniamoci
Andiamoci
Proviamoci
Stammi vicino → Stacci vicino (forma più colloquiale)
Fregatene
Dimenticatene
Approfittane
Metticela
Tienici
Contaci
Pensiamoci
Ripensaci
Andatevene
Vattene
Tornatene
Portatene
Prendine
jueves, 30 de abril de 2026
Oraciones interrogativas indirectas. Revisión.
1, Non è chiaro fino a che punto egli sia consapevole dell’abisso emotivo che lo separa dagli altri.
2. Si ignora perché lei continui a celare il proprio turbamento dietro un’apparente indifferenza.
3. Resta da capire in quale misura il rimorso abbia inciso sulle sue scelte future.
4. È difficile stabilire se il loro affetto reciproco sia autentico o frutto di un bisogno di compensazione emotiva.
5. Ci si chiede come possa convivere con un senso di colpa così pervasivo senza esserne sopraffatto.
6. Non è dato sapere se la sua reticenza derivi da timidezza o da una più profonda paura del rifiuto.
7. Si vorrebbe comprendere in che modo l’insicurezza abbia plasmato la sua percezione di sé.
8. Ci si interroga spesso su quanto il desiderio di approvazione condizioni le relazioni interpersonali.
9. Rimane incerto se abbia mai realmente superato il dolore legato a quella perdita.
10. Non si può dire fino a che punto la sua apparente serenità nasconda un’inquietudine latente.
